El hombre es el lobo del hombre

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Tomas Hobbes vivió 90 años, del siglo que más años de guerra hubo en la historia; siglo XVII en donde solamente tuvieron 6 años de paz lo que hoy conocemos como Europa.

En su teoría política nos explica que, en estado natural, es decir sin leyes, nada es justo o injusto por lo que actuamos bajo el instinto, la ley de la selva. Por eso debemos actuar conforme a un estado contractual, en donde las leyes nos someten a lo que debemos o no debemos hacer.

Frente a tanta violencia es comprensible que Hobbes tuviera la idea de que “el hombre es el lobo del hombre”, ya que, para él, los humanos hacen las cosas buscando: el poder y la gloria y son incapaces de dejar de competir.

Ahora bien, tenemos posibilidad de formar un estado fuerte que, nos garantice la seguridad de nuestra persona y propiedades. Éste tendrá que seguir ciertas condiciones, la primera que los hombres al formar el estado cedan su libertad a un hombre o varios, para que éste ejecute la libertad de todos.

Así, tal cual, ceder mi libertad para que exista la seguridad, de ahí que Hobbes tome la figura bíblica de un Leviatán, un ser grandioso que tenga todos los poderes, el religioso y el político, en el que todos los súbditos estén contenidos. No en vano, la portada del Leviatán refleja esta grandeza del soberano, conteniendo a todo su pueblo dentro de su cuerpo, entonces cualquier cosa que decida el soberano es como si el súbdito lo hubiese decidido, puesto que, desde antes, se cedió la voluntad.

Para Hobbes, el miedo nació junto con él y, toda la vida lo sometió. Dicen que a su muerte pronunció estas palabras “me siento feliz de haber encontrado un agujero para escapar de este mundo”. Es por esto, del miedo constante, que vio a la libertad como coherente con el temor y la necesidad; es decir si tomo decisiones por miedo y necesidad de conservar la vida, estoy actuando libremente y, así es como nos sugiere hacerlo.

Un ejemplo de su libro, un hombre arroja sus mercancías por temor a que el barco se hunda, lo hace, sin embargo, voluntariamente, aunque también podría abstenerse de hacerlo.

Posteriormente nos enuncia, cuales son las únicas libertades de que puede hacer uso el súbdito, recuerden que para formar el estado ya cedimos la mayoría de nuestras libertades.

Éstas son: el soberano no puede ordenar que el súbdito se dañe o suicide. Si no es miembro de ejército, puede rehusarse a ir a la guerra y, por último, puede hacer lo que no está inscrito en la ley como prohibido, a esto le llama el silencio de la ley. Sin embargo, si se actúa mal, aunque la ley no lo prohíba el soberano será capaz de castigarlo.

El Leviatán es una de las mejores defensas al absolutismo político, que será criticado por varios autores entre los que están Locke y Rousseau, quienes nos impulsaron a vivir en un mundo político más liberal y republicano.

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