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El fútbol también es esto

Después de sufrir durante años el fútbol especulativo de todo tipo de rivales, que lo ha llevado a desesperar muchas veces, la necesidad le ha llevado al Barça a firmar un fútbol defensivo, basado en la fortaleza de sus centrales y el trabajo colectivo, y lo hizo en el escenario más complicado: el Bernabéu.

Xavi Hernández tuvo que encontrar soluciones ante las múltiples bajas. Afrontaba el encuentro sin su máximo goleador (Robert Lewandowski), sin su cerebro (Pedri González), sin el jugador más desequilibrante (Ousmane Dembéle) y con la ausencia de última hora del central que saca con criterio el balón desde atrás (Christensen).

Venía de perder en Almería su segunda derrota en LaLiga en todo el curso y con el recuerdo de la eliminación europea en Old Trafford. Se medía al Real Madrid, que en Europa se había exhibido de nuevo, esta vez con una goleada en Anfield (2-5), después de remontar un 2-0 en el primer cuarto de hora.

¿A qué podía jugar el Barça? Xavi lo vio claro. Armó un equipo para sufrir, sabía que no iba a tener el balón y por una vez los galones serían para los centrales y es que seguramente la pareja Araujo-Kounde está instalada ahora mismo en el ‘top’ mundial.

El uruguayo desactivó a Vinicius, el jugador más desequilibrante de los blancos; Koundé, como Marcos Alonso, fue un frontón atrás. Frenkie de Jong fue el ‘box-to-box’ que media Europa quería fichar no hace tanto; Gavi demostró su carácter y su trabajo; Kessie, que tiene llegada; y Busquets, que a veces es más importante no restar que sumar.

Los dos delanteros (Ferran y Raphinha) acumularon todos los kilómetros posibles y más. ¿El resultado del planteamiento? El partido se jugó a lo que quería, o seguramente, a lo que podía el Barça.

Maniataron los azulgrana al Real Madrid, que no pudo correr, que no tenía espacios abiertos, ni el control para ser efectivo, que no tenía recursos y que se quedó sin rematar a puerta, algo que no le ocurría en un partido en el Bernabéu desde 2010, como repetidamente los gurús de la estadística machacaron al término del partido por todas las redes sociales posibles.

Ese 0-1 es la mejor noticia para el barcelonismo. Después de semanas en las que Negreira centraba todas las portadas, después de dos partidos sin ganar, después de lesiones y de ruido de sables en la trastienda.

Ese Barça de anoche en el Bernabéu es el reflejo de un recurso a una necesidad y su victoria tiene un valor infinito, sabiendo que la vuelta la jugará en el Camp Nou (6 abril) y que antes también recibirá al Real Madrid (19 marzo) en un partido de LaLiga que puede ser determinante y para el que ya tendrá seguramente a todos sus hombres.

Y es que más allá de planteamientos, está la realidad: “Toda Europa teme al Real Madrid y el Real Madrid teme al Barça”. La frase no es de cualquiera, sino de Thierry Henry, pronunciada anoche durante la transmisión televisiva y relata la evidencia.

En los 253 partidos que dos de los más grandes del fútbol mundial han jugado en su historia, el Real Madrid ha ganado 101 y el Barça 100 (52 empates), los madridistas han anotado 419 goles y los azulgrana 414.

El barcelonismo se ha despertado confundido. Su equipo ganó en el Bernabéu cuando todo apuntaba a que sería pasto de la voracidad blanca. Por obligación dejó de lado los elementos que le habían distinguido en los últimos años y ofreció un recital defensivo teniendo el balón un 35% del tiempo.

Y es que el fútbol también es eso. Sacar el paraguas cuando llueve mucho, nadar a contracorriente y esperar que la tormenta amaine para lucir tus mejores galas, algo que en el Camp Nou, nadie está acostumbrado.

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