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El Fondo de Cultura Económica

El Fondo de Cultura Económica se fundó el 3 de septiembre de 1934 por el historiador y economista Daniel Cosío Villegas. Ocupó un primerísimo lugar en el mundo de las letras hispanoamericanas, no hubo un solo país de América Latina y la península ibérica donde no existiera distribución de los excepcionales títulos que la editorial imprimió para beneficio de decenas de millones de lectores.

El Fondo de Cultura Económica mantuvo siempre independencia respecto a las pautas gubernamentales, dándose como consecuencia una independencia literaria digna de aplauso.

Escribían todo tipo de personajes, lo importante era su calidad al margen de ideologías o formas de actuar, siendo el caso que, ante todo, lo relevante era la infinidad de pensamientos, sin que faltaran inclusive los de extrema izquierda, algo sin precedentes que siempre fue motivo de orgullo para México.

Recientemente han presentado un anteproyecto para cambios sustanciales que modifican el objeto y razón de tan importante empresa; tales consideraciones dan la impresión de que tienden a crear un organismo con tintes oficialistas, algo que definitivamente no es recomendable.

Los conocedores del mundo de las letras prevén que con la transformación que se propone, se ataque de manera esencial la libertad de expresión; por cierto, su actual director, Paco Ignacio Taibo II, ha mantenido sistemáticas rencillas con organismos y personajes del ámbito de las letras; su llegada al Fondo de Cultura Económica fue vista con recelo, dada su postura intransigente y afecta al conflicto.

En los proyectos para cambiar al Fondo de Cultura Económica, se considera dejarán marginada su importante función de producir y comerciar libros, para dar cabida a lo que se denomina “función asistencial”, situación que no va acorde con su histórica conducta de absoluta imparcialidad y marginación de aspectos ideológicos. La primera sensación en diversidad de intelectuales es que, se pretende crear un organismo adicto al gobierno actual y se convierta en vocero de la ideología de la 4T.

Otro renglón preocupante, es que, se pretende tenga como actividad principal la producción y reparto de libros en forma gratuita, algo que no debe de ser, dado que regalarlos, muchas veces se liga a la mediocridad. Así, al imprimir libros para obsequiar, se corre el riesgo que no sean valorados y se traten como obras intrascendentes. En este caso, es admisible regalar libros de calidad literaria, como pueden ser los clásicos, mismos que ya no están protegidos por los Derechos de Autor, situación, por cierto, que en el pasado lo hizo José Vasconcelos, cuando fue secretario de Educación Pública.

Es importante recordar que el principio esencial del Fondo de Cultura Económica, partió de la base de procurar material a estudiantes de economía, con lo cual se buscaba el desarrollo del país, pero con el tiempo, de manera verdaderamente relevante se abrió a todos los pensamientos, donde inclusive el marxismo y otro tipo de inclinaciones de izquierda fueron debidamente cobijados, siendo el caso que los precios mantenían una moderación digna de aplauso.

No es nada indebido regalar libros, lo que debe preocuparnos es que se abandone el lineamiento de imparcialidad y seriedad con la que se condujo el Fondo de Cultura Económica hasta antes de la llegada de Paco Ignacio Taibo II.

Tengamos presente, el Fondo de Cultura Económica es una de las instituciones que más orgullo nos merece y constituye el sello de lo que es la cultura mexicana.

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