El Feministrometro

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Por Bego Legarrea

@begsslegarrea

Que mala feminista eres. Como puedes decir que eres feminista si haces tal o dices cual (inserta una acción no feministamente puritana). Tal vez si soy una mala feminista. Mala por creer que las mujeres trans son mujeres, mala por disfrutar de mi cuerpo y hacer lo que quiera con él, mala por disfrutar mi liberación sexual, mala por ser directa, mala por no ser sorora al no ser ciega a mis propios defectos y los defectos de mis hermanas.

¿Pero según quién soy mala? ¿Desde cuándo y con qué vara nos medimos?

¿Acaso no luchamos por dejar atrás estas estructuras patriarcales de verticalidad e imposición detrás de nosotres? Cómo es que buscando ser horizontales hay pedestales donde ponemos a mujeres o colectivas que nos dicen que está bien y que está mal… que hace una buena feminista y que hace una mala feminista. Suena a un discurso que todas conocemos bien. En el feminismo no hay cabida para la superioridad moral, intelectual, racial o “biológica”. Si decides unirte a la lucha -por las mujeres- debes tomar en cuenta que llevarás paralelamente una lucha interna con tus privilegios, cesgos y creencias que te fueron instauradas desde el nacimiento.

En las trincheras no hay un estándar al cual necesitemxs llegar para podernxs llamar una “buena o verdadera feminista” por que no tienes que ir a marchas o querer quemar palacio nacional para ser feminista, sino que tienes que querer descubrir tus lados más oscuros, deconstruirte, analizarte y crear consciencia sobre los patrones de violencia o misoginia que repites, crecer y reconstruirte desde un lugar de amor y rebeldía a lo que nos dicen que debemos hacer para ser buenas mujeres, feministas, profesionistas, madres, esposas, parejas.

En nuestra lucha no hay cabida para el feministrometro porque aunque siempre debemos ser críticas con nosotras mismas y nuestras hermanas, nunca debemos de hacerlo desde un lugar de superioridad pues caemos en las mismas estructuras que buscamos derribar. No perpetuemos estructuras y formas de control y opresión disfrazadas de opiniones “radicales”, esas mismas que oprimieron, controlaron y violentaron a nuestras antepasadas y que hoy en día siguen afectándonos.

Descubramos que la sororidad no es quedar callada ante las transgresiones de nuestras hermanas sino acuerparlas, creerles y apoyarlas siempre. Aspiremos a un feminismo horizontal e interseccional donde usemos nuestras condiciones y privilegios para ayudar a nuestras hermanas con mordaza y cadenas, donde todas seamos iguales sin importar cuántos libros hemos leído ni a cuántas conferencias o marchas hemos atendido ni si de depilarnos nos hemos abstenido.

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