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El exjefe de seguridad de la Presidencia de Brasil niega una posible omisión en el golpe

El general Marco Edson Gonçalves Dias, quien era jefe de seguridad de la Presidencia brasileña en enero pasado, cuando miles de activistas asaltaron las sedes de los tres poderes, negó que el Gobierno haya sido “omiso” frente a ese ataque.

El militar declaró ante una comisión parlamentaria que investiga esos sucesos y sostuvo que el fallo ese día fue de la Policía Militar de Brasilia, responsable por la vigilancia de la avenida que lleva a las sedes de la Presidencia, el Parlamento y la Corte Suprema, destrozadas por los activistas de ultraderecha.

Gonçalves Dias fue citado a declarar a pedido de parlamentarios de la base que apoya al expresidente Jair Bolsonaro, quienes afirman que el asalto del 8 de enero fue facilitado por el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, a fin de generar “una ola de solidaridad” una semana después de haber asumido el poder.

El general fue destituido tras el intento de golpe, después de que en unos vídeos grabados ese día en la sede de la Presidencia se le veía en una aparente actitud complaciente con los activistas que habían ocupado el edificio.

Gonçalves Dias negó en forma tajante esa posibilidad y dijo que, pese a que tuvo “la tentación de reaccionar y confrontar”, hizo uso de su “autocontrol” para convencer a los golpistas, que estaban en una muy clara mayoría, a retirarse de la antesala del despacho del presidente Lula.

“Tenía la obligación de defender el Palacio (de Gobierno), pero también tenía que evitar un baño de sangre”, argumentó el militar, quien subrayó que los hechos concluyeron con unos 2.000 detenidos y “sin una sola muerte”.

Aun así, dijo que, una vez que dimensionó los daños y todo lo ocurrido, consideró que debía “haber sido más duro en la represión”.

También aseguró que los planes de seguridad que fallaron fueron los de la Policía Militar del Distrito Federal de Brasilia, que era la que debía haber impedido que los manifestantes se acercasen a las sedes de los tres poderes.

Según el general, “fue un ataque único, inimaginable e inédito”, cuya magnitud “no era esperada” ni había sido anticipada por los informes de inteligencia que tenía en su poder, aunque sí reconoció que contenían “divergencias” sobre la posibilidad de manifestaciones violentas ese 8 de enero.

Confirmó además que los informes de inteligencia fueron compartidos con el Ministerio de Justicia, el cual centra todas las sospechas de “omisión” que alienta el bolsonarismo.

No obstante, Gonçalves Dias sembró dudas sobre algunos de sus subordinados en el gabinete de seguridad de Presidencia, muchos los cuales dijo que todavía eran funcionarios “nombrados por el Gobierno anterior”.

“Habían pasado solo ocho días” desde la investidura de Lula y “el gabinete de seguridad estaba en plena reestructuración”, alegó. EFE

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