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El desabasto de los medicamentos controlados

Millones de pacientes psiquiátricos siguen viviendo un viacrucis al no poder acceder –tanto en el sector Salud como en farmacias particulares– a medicamentos controlados, por un problema de corrupción.

Pese a que se diga lo contrario, el desabasto de medicamentos controlados en México continúa; son los prescritos para los pacientes psiquiátricos.

Mientras por un lado la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), asegura que ya liberaron diversos medicamentos controlados que fabrica la empresa Psicofarma –que presuntamente tenían fallas en su control de calidad–, esto es una verdad a medias.

Millones de pacientes psiquiátricos siguen viviendo un viacrucis al no poder acceder –tanto en el sector Salud como en farmacias particulares– a medicamentos controlados.

Los medicamentos controlados psiquiátricos más recetados son Rivotril (Clonazepam), Tafil (Alprazolam), Lexotan (Bromazepam), Bupropion (Zyntabac), Risperidona (Risperdal) y Metilfenidato (Ritalín), entre otros, mismos que siguen en desabasto, pues la demanda es mayor a las existencias en farmacias, y muchos pacientes tratan de conseguirlos hasta en páginas de Facebook y en el mercado negro, donde son estafados.

Y es que la Cofepris, en su pleito cuasi personal con el laboratorio Piscofarma –que tiene casi un monopolio de estos medicamentos– frenó durante meses la distribución, creando una gran incertidumbre y el malestar y deterioro en la salud de millones de pacientes psiquiátricos, por la falta de las sustancias, ocasionando de paso un incremento en los casos de ansiedad y síndrome de abstinencia.

Es decir, un paciente que toma medicamentos controlados, no puede interrumpir su tratamiento de manera abrupta, pues se desatan episodios de agresividad, depresión, ansiedad, agresión e incluso hasta suicidios.

CONSECUENCIAS EN PACIENTES: DESDE ANSIEDAD HASTA SUICIDIOS

Pero nada de lo anterior le importó a la Cofepris, quien insistió en detener la distribución de los medicamentos de Psicofarma e impedir su elaboración. Y ante la fuerte demanda de los pacientes y familiares, llegaron a un “acuerdo” con dicho laboratorio, para que liberara y distribuyera algunos lotes de estos medicamentos que estaban resguardados en bodega.

¿Y qué sucedió? Que al llegar a las farmacias, se agotaron de manera casi inmediata, y otros nunca llegaron, como es el caso de Clopsine –administrado para pacientes que sufren ansiedad, depresión y agresividad–, pese a que la misma Cofepris aseguró en un comunicado que sí se liberó.

En entrevista con Ángel Metropolitano, Marielena López, madre de un adolescente con diagnóstico de Trastorno Límite de Personalidad (TLP), afirma que la semana pasada llamó al laboratorio Psicofarma para preguntar cuándo liberarían dicho medicamento, y le informaron que seguía estando bajo resguardo en sus bodegas, por órdenes de la Cofepris, y que no había fecha para liberarlo y saliera a la venta al público.

“La falta de toma de este medicamento –Clopsine–, hizo que mi hijo volviera a estados agresivos, sin poder dormir, y alterado todo el día, arruinando su tratamiento, que no puede ser interrumpido de esta manera”, asegura.

Y agrega: “Mi hijo, que es tratado por un psiquiatra ‘top’, ahora es medicado con inyecciones ‘nuevas’ llamadas Inveda Sustenna, del laboratorio Janssen Esencial, que cuestan casi 9 mil pesos, en sustitución del Clopsine, que no se puede conseguir a la fecha.

“Pareciera que la Cofepris, de manera deliberada, prohibió la distribución del Clopsine, para poder introducir al mercado psiquiátrico este nuevo medicamente, que no es controlado y se puede comprar sin receta, pero que es carísimo y debe ser aplicado cada 21 días por el mismo médico que lo atiende, cobrando como si fuera una consulta más, pero sin resultados visibles para mi hijo”, asevera la madre del adolescente medicado.

En el sector Salud, el tema es mucho peor, pues muchos de los medicamentos mencionados ni siquiera los manejan ellos, y los pacientes deben comprarlos con sus propios recursos… si tienen suerte de encontrarlos en farmacias comerciales.

Una fuente del sector Salud, muy bien enterada del caso, declara a Ángel Metropolitano que el tema no es de control de calidad o de desabasto, sino de “moches”.

Es decir, “los laboratorios médicos, desde hace décadas, deben ‘entrarle’ con las autoridades de Salud con un ‘porcentaje’ de sus medicamentos comercializados, y Psicofarma se negó a que le subieran dicho porcentaje; por eso entró la Cofepris, para detener la producción y distribución de esas sustancias. Ese es el problema de fondo”.

Mientras tanto, los millones de pacientes psiquiátricos, siguen sufriendo las consecuencias gravísimas de un desabasto criminal provocado por autoridades corruptas y un laboratorio monopólico.

David Casco Sosa estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la generación 1988-1991.

En la misma escuela fungió como profesor en las materias de Sociedad y Comunicación y Propaganda y Opinión Pública.

Reportero desde 1990, ha pasado por las redacciones de revistas y periódicos como Quehacer Político, México HOY, Tabasco HOY, Campeche HOY, Milenio, Novedades, El Gráfico, Impacto, IQ Magazine, Diario BASTA, etcétera, donde se ha desempeñado como reportero, jefe de redacción, editor, subdirector y director. Actualmente es director editorial del semanario digital Ángel Metropolitano, desde su fundación.

En 2008, ganó el Premio Nacional de Periodismo, en el género de Entrevista, y en 2019 en el género de Nota más oportuna, ambos entregados por el Club de Periodistas de México.

Ha sido consultor de proyectos editoriales para la formación de varios diarios en provincia, pero siempre ha regresado a la Ciudad de México, donde incursionó también en la edición y cuidado editorial de libros sobre el tema de la delincuencia organizada.

También ha impartido conferencias sobre el tema de periodismo en diversas universidades, y colabora como dictaminador literario para dos editoriales.

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