El conflicto en el norte de Etiopía cumple un año con Adís Abeba bajo acecho

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La guerra en el norte de Etiopía cumple este jueves un año en una situación tremendamente volátil, con las fuerzas rebeldes de la región norteña de Tigray cada vez más cerca de la capital, Adís Abeba, y habiendo dejado un rastro de miles de muertos y masivas violaciones de derechos humanos.

«El país se enfrenta potencialmente a la balcanización si la comunidad internacional no toma medidas», señaló a Efe Hassan Khannenje, director del Instituto Internacional para el Cuerno de África y experto en conflictos.

La que fuera potencia estabilizadora de la convulsa región del Cuerno de África se tambalea hoy bajo el riesgo de la «desintegración», advierte Khannenje.

En un mensaje divulgado este miércoles con motivo del aniversario de la guerra, el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, acusó a los rebeldes de «empañar» esa reputación con una «estratagema para facilitar el camino para que el destino de Etiopía sea el de Libia y Siria», en alusión a los conflictos que han asolado esos países.

LA ESCALADA HASTA EL CONFLICTO

Tigray despertó en guerra el 4 de noviembre de 2020, después de que Abiy enviara al Ejército para derrocar al Frente Popular de Liberación Tigray (FPLT), partido gobernante en la región, en respuesta a un ataque contra una base militar federal cometido el día anterior, una acción que los tigriñas describieron como defensa propia.

Como principal fuerza de la coalición gobernante, el FPLT dominó la política etíope desde el derrocamiento del régimen comunista en 1991 hasta el nombramiento de Abiy como primer ministro en 2018.

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Abiy llegó con una esperanzadora agenda reformista que incluyó la firma de un acuerdo de paz histórico con la vecina Eritrea -una de las dictaduras más opacas de África- y que le valió el Premio Nobel de la paz en 2019.

«La llegada al poder de Abiy fue algo revolucionario porque no representa exactamente lo que llamaríamos ‘status quo'» pero, desde entonces, el mandatario ha cometido «errores que lo han aislado y le han quitado credibilidad», apuntó Khannenje.

Tras una escalada de tensión, agravada por el aplazamiento de las elecciones por parte del Gobierno aludiendo a la covid-19, los tigriñas celebraron sus propios comicios regionales parlamentarios -que Adís Abeba consideró «ilegales»- llevando a su máxima ebullición la crisis, que explotó el 4 de noviembre.

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LA GUERRA DE GUERRILLAS Y EL ALTO EL FUEGO

Desde el inicio de la ofensiva militar hasta ahora, cuando el país decidió este martes declarar el estado de emergencia frente al peligro inminente de una posible entrada de los rebeldes en Adís Abeba, los equilibrios de fuerzas han cambiado.

Aunque las fuerzas tigriñas se vieron superadas en un principio por la coalición de tropas federales -incluida la presencia de soldados eritreos y fuerzas de la vecina región de Amhara-, después recuperaron terreno al estar muy «familiarizados con la guerra de guerrillas y la topografía de la región», según Khannenje.

A finales de junio, Abiy declaró un «alto el fuego unilateral humanitario» y el Ejército federal se retiró de la región, a excepción del oeste, anexionado por fuerzas de Amhara, que reclama derechos histórico sobre esas tierras.

Desde entonces, la guerra se ha vuelto cada vez más inestable, con constantes movimientos militares por parte de los tigriños, hasta expandir la lucha a las limítrofes regiones de Amhara y Afar, donde cientos de miles de personas se han visto desplazadas.

HAMBRE Y DESPLAZAMIENTO EN ETIOPÍA

Casi siete millones de personas afrontan una «crisis de hambre» por el conflicto, según advirtió en septiembre la ONU, que denunció un «bloqueo de facto de la ayuda humanitaria» por parte del Gobierno federal, empeorado desde que los rebeldes controlan la región.

Al menos 400.000 personas viven ya en condiciones de hambruna, según el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU.

A pesar del bloqueo de las telecomunicaciones -que impide conocer la magnitud real de la guerra-, algunos medios han logrado documentar las primeras muertes por hambre en la región.

Desde el Hospital Ayder de Mekele -capital de Tigray, que sufrió nuevos bombardeos en las últimas semanas-, Nurse Teklab Teklemariam, coordinador pediátrico, confirmó a Efe que al menos 44 menores murieron por hambre o falta de medicinas durante el último mes.

LA MEDIACIÓN COMO ÚNICA SALIDA

Un año después, las partes del conflicto siguen buscando una victoria militar, pero cada vez hay más presión internacional -y, progresivamente, también nacional- para impulsar un diálogo.

Aunque la Unión Africana ha guardado un sonoro silencio -en parte, por la influencia de Etiopía en el bloque panafricano, según Khannenje-, la organización nombró en agosto al expresidente nigeriano Olusegun Obasanjo como su enviado para el Cuerno de África.

«Creo que esto es un signo obvio de que la UA se quiere implicar más (…) y, en cuanto se involucre, contará con el apoyo de otros actores internacionales, como el Consejo de Seguridad de la ONU, la Unión Europea o Estados Unidos», declaró Davison.

Pero no parece que Abiy esté por la labor de una solución negociada. «Hoy es el día en que prometemos enterrar a nuestro enemigo que quería humillar y destruir a Etiopía», advirtió hoy el primer ministro en un discurso ante militares en Adís Abeba.

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