El caso de Emilio Lozoya se encuentra empantanado

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El exdirector de Pemex, quien se encuentra en su residencia bajo vigilancia, alarga su proceso penal y no ha sido citado para que amplíe sus declaraciones

Por J. Jesús Lemus

El caso de Emilio Lozoya, que desde el pasado 11 de agosto cimbró a la clase política mexicana al señalar una red de corrupción que saqueó a Pemex y en donde se involucra a ex presidentes, exsecretarios de estado y exlegisladores de todos los partidos políticos, no solo se encuentra empantanado, sino que podría convertirse en el gran engaño con el que la Fiscalía General de la República (FGR) mantiene distraído al presidente Andrés Manuel López Obrador.

A más de un mes con 17 días de que Emilio Lozoya emitiera su declaración ministerial, en donde refiere con nombres, fechas y montos la red de sobornos y corrupción que encabezó durante su gestión al frente de Pemex, todavía la FGR no ha sido capaz de llamar a cuentas a ninguno de los mencionados, y tampoco ha podido corroborar lo dicho por el imputado.

No solo eso; tampoco Emilio Lozoya ha sido reclamado por la FGR para que amplié su declaración sobre algunos tópicos en particular que podrían esclarecer los hechos de las dos líneas de investigación en la ruta de corrupción que se siguen sobre los casos particulares de Odebrecht y Agronitrogenados, los que le costaron al erario más de 23 mil 500 millones de pesos.

Por extraño que parezca, según confirmó a Ángel Metropolitano una fuente de la FGR, esta dependencia “no ha querido ampliar la declaración de Emilio Lozoya Austin bajo el argumento de que el imputado no se encuentra en condiciones físicas y emocionales” para seguir adelante con el proceso, esto luego que la defensa de Emilio Lozoya acusara “un estado de estrés que le impiden a su representado ampliar con claridad lo dicho inicialmente en su declaración ministerial”.

De esa forma, pese al reclamo del presidente López Obrador de la aplicación –en el caso de Emilio Lozoya– de un juicio apegado a derecho y expedito, la FGR no solo ha aceptado la postergación del proceso a voluntad del acusado, sino que se mantiene en la postura inicial de darle un trato preferencial al señalado de corrupción, amparado bajo la figura de Testigo Colaborador.

UN TRATO MÁS QUE PRIVILEGIADO

El trato exclusivo que la FGR le ha dado a Emilio Lozoya Austin resulta por demás extraño. Desde que el acusado fue repatriado de España, el 16 de julio pasado, la FGR no ha reparado en atenciones: se le trajo en un avión Bombardier Challenger 605 (el mismo que llevó a El Chapo Guzmán a Nueva York) que exprofeso hizo el viaje, nunca fue esposado, a bordo se le permitió beber vino tinto y hasta pudo hacer media docena de llamadas telefónicas.

Los funcionarios de la FGR que fueron los encargados de la operación de repatriación de Emilio Lozoya cuidaron en todo momento que durante el viaje nadie de la tripulación hiciera tomas de video o fotografías con sus teléfonos celulares y estuvieron pendientes de servir todo tipo de viandas al acusado; en el trayecto Emilio Lozoya fue atendido con galletas, dátiles y queso. En dos ocasiones le sirvieron vino tinto.

Ya en suelo mexicano, luego de una escala en Canadá, Emilio Lozoya acusó malestar físico. Fue atendido por personal médico de la FGR, el que recomendó que el indiciado fuera internado en un hospital. Por instrucción del Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, Emilio Lozoya no fue remitido al área médica del Reclusorio Norte, en donde le correspondía legalmente su internamiento.

Fue el propio Emilio Lozoya quien pidió ser internado en un hospital particular, el Ángeles de la Ciudad de México, en donde el costo promedio por día fue de 15 mil pesos, de donde 15 días después y luego de una cuenta de 225 mil pesos que corrió a cargo de la FGR, el procesado fue dado de alta, pero no para ir al Reclusorio Norte… sino a su casa.

Desde el 1 de agosto a la fecha Emilio Lozoya Austin, con un brazalete electrónico en la pierna izquierda, permanece en su residencia de Lomas de Bezares en la Ciudad de México, donde goza de la seguridad que le brinda la FGR con un equipo de 12 escoltas que lo vigilan las 24 horas del día. Esa seguridad no es limitante para que Emilio Lozoya siga haciendo su vida habitual.

Fuentes de la FGR refieren que las actividades de Emilio Lozoya inician a las 7 de la mañana. Hace ejercicio en su gimnasio por espacio de dos horas, a veces juega básquetbol o se ejercita con la raqueta. A las 9 de la mañana desayuna, cada tercer día lo hace con algunos de sus abogados, pero por lo general a la hora de la comida siempre está acompañado de su padre Emilio Lozoya Thalmann.

Juan Jesús Javier Lozoya –su hermano– es otro de los visitantes frecuentes en la residencia de Emilio Lozoya, y fue él quien organizó la fiesta de bienvenida que le hicieron los allegado al exdirector de Pemex luego que salió del hospital, en dónde –según refiere Carlos Loret– se descorcharon botellas Château Margaux con valor de hasta 25 mil pesos.

Después de la comida, Emilio Lozoya la pasa encerrado en su estudio. Lee, hace apuntes, escribe. Ve televisión, pero siempre está al teléfono. En promedio diario, hace entre 20 y 30 llamadas telefónicas, algunas por videoconferencia, con sus amigos más cercanos, pero principalmente con miembros de su familia.

¿Quién le miente al presidente?

Dentro de esa vida de privilegios, que la FGR no ha querido importunar ni siquiera con la obligación de firmar el libro de asistencia al Juzgado Penal que lleva su causa, el cual firma de manera electrónica, Emilio Lozoya se ha tomado su tiempo para darle un receso a su proceso penal: la FGR está a la espera de que el indiciado decida ampliar su declaración.

Son muchas las dudas por desahogar del agente del Ministerio Público Federal adscrito al caso, pero Lozoya se sigue tomando su tiempo. La más reciente comunicación hecha a la FGR por parte del acusado refiere que “en breve ampliará su declaración”, pero no señaló fecha para ello, confirmó una fuente de la dependencia.

Mientras, la FGR notificó oficialmente al presidente López Obrador, a través de una tarjeta informativa, que el caso “sigue en proceso”, cuando en realidad el caso se encuentra empantanado, solo que no se sabe a causa de qué o de quién, pues la FGR no ha querido ejercer su acción para reclamar la ampliación de la declaración ni Emilio Lozoya ha querido abundar en los hechos que él mismo refirió.

Lozoya se niega a ampliar su declaración sobre la participación del general Roberto Miranda, ex efe del Estado Mayor Presidencial que atestiguó una reunión entre Enrique Peña Nieto y Marcelo Odebrecht en 2012, en donde se acordó un trato preferencial por parte de Pemex para la empresa, a cambio de sobornos.

También se encuentra en vilo la investigación sobre otros testigos de los negocios secretos entre Odebrecht y Pemex, entre los que se encuentran Luis Videgaray, Luis Weyll, Idelfonso Guajardo, Carlos Fadigas y Roberto Bischoff, quienes –según Lozoya– estuvieron en reuniones donde se acordó saquear a Pemex.

Otras investigaciones que están detenidas, son las que tienen que ver con las declaraciones de Rodrigo Arteaga, exsecretario particular de Emilio Lozoya; Francisco Olascoaga, exjefe de departamento en Petróleos Mexicanos y Norberto Gallardo, exmiembro del Estado Mayor Presidencial y jefe de escoltas de Lozoya, quienes fueron actores importantes en la entrega de sobornos que fueron recibidos por Emilio.

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