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EFE
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En realidad, no se trata de si es o no corrupta la persona que estaba asilada dentro de la embajada mexicana. No se trata de ver una embajada como santuario de delincuentes, existen protocolos internacionales que a nivel mundial se aplican, incluso en el peor de los casos.

Una embajada es una extensión de un país; en el caso de nuestra legación de México en Ecuador –y el todo el mundo– es una prolongación de nuestra nación en donde solo se rigen nuestras leyes.

Sin importar el coraje o capricho del país que busque a una persona, jamás puede traspasar los derechos internacionales, mucho menos allanar su territorio, en este caso su embajada.

Fue una decisión del presidente López Obrador activar los protocolos de reclamo a Ecuador y ponerlos en la mesa internacional, donde todos los países apoyaron al mandatario mexicano.

Hoy, el gobierno en turno de Ecuador se enflora dando cualquier cantidad de excusas y explicaciones, pero queda en un papelón de ridículo ante México y el mundo.

¿Cómo quedan las demás embajadas de ese país, si la ONU no toma un papel enérgico? ¿Marcaría el inicio de un desorden diplomático global que, en cualquier caso, con el mínimo pretexto, se tomará cualquier sede diplomática de cualquiera de los países del mundo?

Error garrafal para la nación sudamericana, donde las vísceras de ese gobierno, puso en peligro la honorabilidad diplomática ecuatoriana y pone en riesgo todo tratado comercial con ese hermano país.

La política de asilo mexicana es un baluarte de muchas décadas que se reconoce y defiende. Hoy, ese mal momento vuelve a poner en los reflectores al presidente López Obrador como un buen mandatario que hizo lo correcto, un momento que subraya la aceptación de su mandato en un minero electoral.

Ayer fue el día del debate, donde la influencia arropó a la candidata de Morena y la pone de puntera, más aún de lo que ya estaba.

Claro que existen temas más importantes que resolver, pero el Presidente, como buen ente político, sabe aprovechar cada momento de su gobierno.

No confundamos que ese efecto es para los demás aspirantes, porque  cada estado lleva sus complejidades y han existido pésimos administradores, que lejos de ayudar a los siguientes candidatos, serán los clavos de sus cruces electorales, por sus legados y sobre todo por los malos resultados de las gestiones que les encomendaron.

Varios son los ejemplos, pero uno de tantos será el estado de Veracruz, una entidad muy politizada y conocedora del desastre que está dejando el actual gobernador, donde la candidata de Morena llega con un equipaje de barriles y barriles vacíos de una nueva planta que no ha refinado lo prometido, donde la gasolina es un producto de altos y consecuentes comentarios de corrupción, además de su pseudo austeridad republicana.

Claro que vemos sus probables residencias en lujosos lugares, acompañado de un largo etcétera. Y qué decir de otros más, que se irán sabiendo lo mal que lo hicieron.

Mucho lo hemos dicho en esta columna: la candidata ganadora deberá tener un esquema anticorrupción de alta eficiencia mediata. El pueblo, a diferencia de las anteriores administraciones, hoy cuenta con las poderosas redes sociales, donde al mínimo parpadeo de los “pájaros de cuenta” se entera la población, y eso no se debe confundir con atacar la Cuarta Transformación o la Quinta.

Se es corrupto porque el mismo hecho lo demuestra; pero no hay que generalizar, pues hay excelentes administradores públicos… y pésimos también.

Un buen (más bien mal) ejemplo es aquel asqueroso diputado de Morena que al ser grabado en flagrancia entrado a un hotel con un menor de edad, al otro día lo manejó como un ataque de los conservadores a la 4T. Por favor, el pueblo ya no se come las mentiras tan fácil.

La gente despertó y está harta de malos manejos y de venta de falsas promesas, de ilusorios paraísos médicos con falta de medicamentos, y de tanta violencia, entre otros temas torales.

Cierto es que los apoyos que instruyó el presidente López Obrador no pueden desaparecer, y que vamos transitando en una economía más sólida pese a que se manejen mensajes confusos por medios a modo de los adversarios.

Claro que el mapa electoral va a cambiar, porque la influencia y el carisma del mandatario federal será muy difícil de emular. Como lo dijimos, el gran reto es el Congreso y acabar con el abstencionismo.

Se debe razonar el voto y ver quién va a representar al pueblo, no seguir señuelos ni gente oportunista o aferrados a no salirse jamás del sistema, que de ser “luchadores sociales” hoy viajan en primera clase, usan carros de lujo y hacen el supermercado en establecimientos de alta gama, que además de tener tarjetas populares, usan tarjetas de crédito o servicio exclusivísimas. Ufff.

¿Cuánta información tiene el Presidente de todos esos “angelitos”, siendo que él no es por mucho cercano a esos derroches?

Para cerrar por hoy, ¡bien por la canciller Alicia Bárcena y los diplomáticos de México en Ecuador!

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