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Diego Balleza se recargó en Exatlón con miras a Paris 2024

Foto: Exatlón México
Foto: Exatlón México

La despedida, triste como si fuera una regla escrita, entre lágrimas, y con el coraje de perder en su última prueba, porque además siempre ha estado en el nicho de los tipos competitivos, para el clavadista olímpico mexicano Diego Balleza no fue la excepción.

El regiomontano, un hombre de retos, y acostumbrado a competir casi todo el tiempo, para este pasaje de su vida decidió aceptar ser parte del Exatlón México, un concurso deportivo que pareciera obligado para los atletas de alto rendimiento.

Fueron cuatro semanas de una aventura extrema, al límite, y en las que incluso sufrió las huellas de la batalla, tras un golpazo que le requirió de una sutura en la parte del ojo, pero él se dice motivado luego de este capítulo en el que aprendió mucho sobre cómo ser más fuerte, y en el que además sus sentimientos estuvieron a flor de piel.

“Fue algo nuevo, una aventura muy bonita más que nada, el vivir esta experiencia que pienso muchos deportistas quieren vivirla; no pude estar mucho tiempo, pero lo que estuve fue bien aprovechado.

“Me di cuenta de muchas cosas ya estando ahí, el tiro que en verdad se debe de entrenar, pues uno como espectador lo ve diferente desde afuera, y ahorita ya retomando las actividades cotidianas, el trabajo, los deberes, y todo lo que tengo que hacer”, cuenta en entrevista con Ángel Metropolitano.

Diego, quien fue cuarto sitio en Tokyo 2020, acepta que la exposición de este reality show de TV Azteca, aunado a lo que representa estar en constante actividad, es lo que hace llamativo al concepto para que se enliste entre las competencias a completar en algún momento.

“Es un medio de difusión muy grande para los deportistas, además como deportista mexicano es difícil sobresalir, no todos llegamos a Juegos Olímpicos, no todos podemos aprovechar las oportunidades que el deporte nos da, y dependiendo de cuál es, y Exatlón es una puerta muy grande, y si te dan la opción, no la desaproveches, porque te puede abrir muchas puertas.

Crece tu imagen, tus redes sociales, puedes hacer muchas cosas que al final del día lo que se busca es mantener a tu familia, a tus hijos, a tu mamá, a quien sea, y monetizar, y esto te ayuda a llevar a cabo muchos proyectos personales”.

“Me sentía como en un videojuego”

Extasiado con los enormes circuitos, con hechuras de primer mundo, el norteño comparte que, cuando veía aquellos portentos, subía aún más el pulgar en señal de que había hecho lo correcto, con anuencia de su Federación, y de la Secretaría de Marina, a la cual pertenece.

“Adentro, y al ver cada circuito, me sentía como que estaba en un videojuego, pero en la vida real; el circuito enorme, era un monstruote, entraba, y decía, ‘en verdad hay una buena infraestructura, arquitectura, ingeniería de cada uno’, porque son enormes, claro que tienen su riesgo, como todo, porque es un reality deportivo, y era algo que tenía que vivir, me gustó mucho, como que vives otra vida dentro de, sentía mucha adrenalina, y me acostumbré a competir con alguien a lado, fue algo nuevo para mí”.

Lo que le deja lo vivido…

Como parte del Equipo Rojo, uno que normalmente en cada emisión suele ser el más ganador y echado para adelante, Balleza revela que la convivencia fue algo distinto para él, porque en su disciplina es más bien distante, y que además le sirvió para entender que esa recarga a veces es necesaria, por ejemplo en Mundiales, Grand Prix, o los distintos eventos en los que toma parte.

Aprendí el trabajo en equipo, y sentirte unido como equipo, que en clavados no se ve porque es un deporte individual; acá me sentí en familia, todos unidos, y creo que es algo que voy a replicar mucho con mi equipo de Nuevo León para apoyarnos todos”.

Mientras, sobre su faceta, y lo que él pudo aprovechar para contender a la par de los demás, lanza que “son 22 años en mi deporte, el centro de gravedad que tenemos los clavadistas en el abdomen es de los más fuertes que hay, y al momento de subir y bajar cosas tenía más fuerza, al momento de enroscar las piernas”.

Eliminación a media luz

Luego de que tuvo que ser intervenido por el desaguisado sufrido, Diego cuenta que para el reto de eliminación ante Jawy Méndez, a quien considera un gran rival, su vista no estaba al cien, por lo que el tino se le complicó aún más, pues de por sí ya era como su Talón de Aquiles.

No había vivido una eliminación, fue mi primera, no sabía cómo sería conmigo, iba en blanco, y a darle a lo que me tocara; no veía bien de un ojo, traía un borde, inflamado, y veía una bola, y el ojo bueno es el golpeado, entonces no veía tan bien, quería atinarle como pudiera, y así me la aventé, y no me fue tan mal, porque llegué hasta el último punto”.

Por su boleto olímpico…

Finalmente, y agradecido por haber conocido a personas que considera extraordinarias, en especial a Mati Álvarez, con quien hizo clic, Diego Balleza dice que se recargó para buscar su boleto a Paris 2024.

“Quiero recuperarme de las lesiones, retomar mis emprendimientos, tengo un lugar de rehabilitación que se llama Clínica Legacy, retomar mis entrenamientos; el siguiente año tengo mi selectivo a Olímpicos, si todo sale bien y se acomodan los astros, en mayo. Sé que estaré en Paris 2024 y buscaremos hacer un gran papel”.

Ángel Metropolitano / Semanario Digital

 

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