Hoy en día, cualquiera aspira a ser “innovador” y “disruptivo”. La fraseología se repite en foros, discursos y redes, cambiar paradigmas, ir más allá́ de la realidad, imaginar lo que no existe con el impulso de la tecnología. Es un discurso seductor, pero vacío si no se traduce en acción concreta. Por eso vale la pena destacar eventos como la Innovation Cup, celebrado en la Casa del Pueblo de la Cámara de Diputados, donde el discurso se encontró, al menos por un día, con la voluntad de construir.
Convocado por la vicecoordinadora del Grupo Parlamentario de Morena, Gabriela Jiménez, y por Edoardo Papini, el foro no se limitó́ al futbol del próximo Mundial. Se abrió́ paso a un “mundial social” de la tecnología, la robótica y, sobre todo, de las capacidades reales del país para competir.
El mensaje más claro y urgente lo dio Octavio de la Torre de Stéffano, presidente de la Concanaco Servytur México, dijo que el motor económico de México no son las grandes corporaciones, sino las PyMEs. Representan el 99.8% de las unidades económicas y generan alrededor del 70% de los empleos. La verdadera pregunta del Mundial no es solo si México organizará bien el evento deportivo, sino si sus negocios estarán preparados para capitalizar la vitrina global y, sobre todo, para sobrevivir al “post evento”. Digitalizarse ya no basta; el reto es integrar Inteligencia Artificial de forma estratégica para escalar, optimizar procesos y mantenerse competitivos en un mundo que avanza a velocidad de vértigo.
Paola Longoria, presidenta de la Comisión de Deporte de Movimiento Ciudadano, recordó́ una verdad que aplica tanto al deporte como a los negocios: nadie triunfa solo. Se requiere perseverancia, disciplina, pero también ecosistema: apoyo, innovación, seguridad y movilidad eficiente. Roberto Zermeño (ex presidente del Club León) y Francisco Uribe (ex jugador de América y León) coincidieron en que el éxito no entiende de atajos ni de edades: se construye con profesionalismo, constancia y dedicación total. Juan Manuel Terán, de la Federación Mexicana de Futbol, insistió́ en algo aparentemente simple pero poderoso: hay que hablar bien de México, mostrando su capacidad real de competir dentro y fuera de la cancha.
Más allá́ de las ponencias, el evento dejó una convicción profunda: la tecnología avanza rápido, pero el corazón de esta evolución sigue siendo humano. La IA no viene a reemplazar empresas ni personas; viene a transformar la manera en que operan. Desde la automatización de procesos hasta la toma de decisiones más inteligente, su adopción bien hecha puede ser el detonador de productividad que tanto necesita el país.
Una de las mesas más reveladoras reunió́ a Daniela Reyes, DiDi; Isabela Mariño, Rappi; Karla Arreola, InDrive y Emma Vassallo, Uber. Ahí́ no se vio el viejo juego de la competencia salvaje, sino algo más maduro y disruptivo, plataformas que se entrelazan para beneficio del usuario. Lo que una no tiene, la otra lo ofrece; lo que una entrega más lento, la otra lo resuelve más rápido. Esa colaboración inteligente es la verdadera disrupción. Y en un mundo de algoritmos, quedó claro que la IA no puede operar sin supervisión humana. Menos aun sin el componente emocional y ético que, en muchos casos, las mujeres líderes imprimen a sus proyectos.
Escuchar a Rolando Zapata Bello, senador y presidente de la Comisión de Inteligencia Artificial, fue alentador. Se necesita regulación, sí, pero no prohibicionista: legislación con convicciones innovadoras, hecha en comunidad. Lo mismo destacaron Claudia Jiménez, del Consejo Latinoamericano de Ética en Tecnología, y Lina Elizabeth Rodríguez, de la Asociación Mexicana de Internet y Alonso Tamez, del Senado de la República.
El cierre, al estilo Shark Tank, presentó proyectos de emprendedores jóvenes que van desde bitcoin y administración de negocios hasta Inteligencia Emocional frente a la IA, o incluso un pan de elote que “te eleva al espacio”. Más allá́ de lo pintoresco, lo importante es el mensaje: las nuevas generaciones mexicanas están apostando por tecnología, creatividad y humanismo para construir el futuro.
Participar en este panel junto a mentes de la academia, el gobierno y la empresa fue un honor. Todos buscamos lo mismo: un México más conectado, justo y preparado. Porque al final, la verdadera innovación no es solo tecnológica. Es humana. Y México, con su enorme tejido de MiPyMEs, su talento joven y su capacidad de resiliencia, tiene todo para ganarse un lugar destacado en este mundial del siglo XXI.
Solo falta pasar de la tendencia al compromiso real. El evento, tuvo más voces que por cuestión de espacio no pude mencionar, pero demostró́ que el camino está abierto. Ahora toca recorrerlo así́ todos juntos.











