Dar sin esperar

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Quienes han asistido a nuestros eventos en Cala Enterprises saben que soy fiel creyente de la ley de la atracción. Creo también que nuestras energías juegan un papel crucial en nuestras vidas… Pero, paradójicamente, cuestiono esa creencia popular de recibir todo lo que damos, al menos no de quién o cómo lo esperaríamos.

Cuando se trata de dar y recibir, existe una creencia popular de que siempre se nos devuelve todo lo que damos. Es muy fácil pensar que cuando estamos pasando por un desafío personal importante, cuando sentimos que el mundo se nos viene encima, es porque de alguna manera estamos recibiendo un castigo por algo que hemos hecho mal.

Creemos que somos mal percibidos por quienes tenemos a nuestro alrededor. La realidad es mucho más compleja que eso. Pensamos que no nos merecemos lo que nos está ocurriendo, incluso; más de una vez en nuestro fuero interior nuestro ego nos hace una mala jugada, a sabiendas de que una persona a la que regularmente le tendemos la mano, no lo ha hecho.

Es traumático y doloroso pensar de esa manera. La verdad, cuando hablamos de dar y recibir no se trata de lo que hacemos por o para los demás, sino que muchas veces, en nuestro empeño; seguimos los sueños de otras personas y olvidamos los nuestros.

La vida siempre tiene maneras particulares de llamarnos la atención, unas veces más duras que otras, pero lo que está mal es pretender que los demás harían por nosotros lo mismo que en algún punto hemos hecho por ellos.

Quien da, lo hace sin ver cuánto y a quién da. Dar es uno de los mayores actos de benevolencia y desprendimiento que podemos practicar en nuestras vidas, y que además de traer beneficios a nuestro cerebro, nos brinda un sentido en la vida… Nos hace sentirnos útiles.

Nuestro problema es que muchas veces, ante las perspectivas de cambio que no nos atrevemos a ejecutar, se nos hace mucho más fácil culpar a los demás de aquellas cosas que debimos hacer por nosotros mismos.

Ante los procesos de transformación generados individualmente, lo mejor es hacer las cosas de manera paulatina, con calma. No esperes a que nadie haga nada por ti, pero deja que toda ayuda sincera y desde el amor de otros, sea bien recibida.

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