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Danzas de devotos vestidos con plumas, cánticos y misa para celebrar a patrono en Paraguay

La comunidad Minas, de la ciudad paraguaya de Emboscada (centro), recibió a decenas de devotos que lucían atuendos cubiertos con plumas y danzaron por sus calles hasta congregarse en una eucaristía en honor al santo patrono de esta localidad, el sacerdote jesuita español Francisco Solano.

Los promeseros, como se conoce a quienes han hecho una promesa religiosa, llegaron cubiertos con plumas y luciendo máscaras para agradecer los favores al santo, que desde hace más de 100 años es homenajeado en esa población de Emboscada (situada a unos 39 kilómetros de Asunción), en el departamento de Cordillera.

“La gran fiesta es cada 24 de julio”, dijo a EFE Camila Balbuena, integrante de la familia Balbuena, una de las encargadas de transmitir y resguardar esta tradición.

Las actividades para conmemorar a Francisco Solano, en cuyo honor el expresidente paraguayo Carlos Antonio López (1844-1862) bautizó a su hijo, el mariscal Francisco Solano López, comienzan diez días antes y abarcan un festival desde el 22 de julio de cada año, una celebración del alba, la visita del santo a la casa de una familia local, el día 23, y una misa cada 24 de julio.

Pedro Balbuena, quien falleció en septiembre del año pasado, lideró durante 50 años el grupo de guaikurúes, que danzan al ritmo de tambores y acordeón para agradecer las gracias concedidas.

Solano, quien estuvo de misión durante más de 14 años por el Chaco paraguayo, es recordado como evangelizador y por sus dotes para interpretar el rabel y la guitarra. Las plumas de los vestidos, agregó Camila Balbuena, son parte de la tradición de los indios guaikurú.

El propio Pedro Balbuena fue encomendado a san Francisco Solano por su mamá cuando apenas tenía 7 años y estaba aquejado por un padecimiento de salud. Por esta razón, durante 7 años participó de la celebración al santo para agradecer el favor recibido, aunque luego mantuvo esta costumbre por 50 años y la heredó a sus familiares.

Patricio Zarate, gestor cultural de la Municipalidad de Emboscada, relató a EFE que la tradición en la compañía Minas data de la época de la guerra entre Paraguay y Bolivia, conocida como la guerra del Chaco (1932-1935).

Zarate estimó que cerca de 1.500 personas, entre ellos 300 promeseros, acudieron en esta jornada a esa población, donde monseñor Ricardo Valenzuela encabezó la eucaristía. EFE

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