Cumbre de la CELAC, desairada; Marcelo Ebrard, el gran perdedor

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Le falló la agenda al titular de la SRE

La convocatoria de la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), operada por Marcelo Ebrard Casaubon –titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores– dejó mal parado a México y a su presidente, Andrés Manuel López Obrador.

El escenario fue el Palacio Nacional, que se convirtió en un centro de reclamos a los mandatarios de Cuba y Venezuela, Miguel Díaz-Canel y Nicolás Maduro, respectivamente.

La falta de cabilderos de Marcelo Ebrard se notó, pues la agenda se le salió de las manos y sonaron fuerte los discursos de tres presidentes en contra de sus homólogos de Cuba y Venezuela. 

De entrada, tres países desistieron asistir a la Cumbre organizada por el canciller mexicano. Argentina, Brasil y Panamá le dijeron no a Marcelo, desairándolo.

Pese a que Ebrard Casaubon trató de minimizar los reclamos a los dictadores latinoamericanos, el daño estaba hecho y se estaba convirtiendo en tendencia en redes sociales. 

Entre los acuerdos, el canciller mexicano destacó la votación unánime en la aprobación del Plan de autosuficiencia sanitaria de América Latina y El Caribe elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que permitirá articular una red regional para producción, abastecimiento y compra de vacunas.

“Las vacunas, nunca más nos va a volver a pasar lo mismo, no lo vamos a permitir, lección aprendida. Los países de América Latina no tenemos una sola agencia reguladora, Europa sí, ¿por qué nosotros no la tenemos, qué razón puede haber?, ninguna, bueno entonces la vamos a construir, porque eso significa que una vacuna que se apruebe en Chile la puedo aplicar al día siguiente en México, al día siguiente, o que si en México se aprobó una vacuna se pueda aplicar en todos los países al día siguiente” dijo Marcelo Ebrard.

Pero por otro lado, tres presidentes acapararon los reflectores, por sus reclamos…

CENA DE NEGROS

Sentados en la misma mesa, los mandatarios de Venezuela y Cuba, así como la canciller de Nicaragua (pues Ortega no asistió), escucharon los reclamos de los presidentes de Uruguay, Ecuador y Paraguay, quienes acusaron las violaciones a los derechos humanos de sus regímenes y pidieron elecciones libres y democráticas.

Maduro –sobre quien pesa una recompensa de 15 millones de dólares por su captura por la justicia de EE. UU., quien lo acusa de narcoterrorismo–, pensó que sería arropado en México, e incluso llegó dicharachero y muy sonriente, pero el rictus pasó a ser de enojo ante las palabras de sus homólogos.

Y es que el presidente de Ecuador – Guillermo Lasso– fue el primero en hacer alusión a Maduro, Díaz-Canel y Ortega, sin citarlos por su nombre, pero en franca insinuación a sus personas. Dijo que el futuro de la región solo es posible construirlo a través de la libertad.

“Libertad para nuestros ciudadanos, para abrir nuevos mercados, para comerciar, soñar y crecer juntos en una plena democracia donde existan elecciones transparentes, donde se respete la libertad de expresión, donde se respeten los derechos humanos y las libertades políticas de los opositores a nuestros gobiernos”, dijo Lasso.

Por su parte, Mario Abdo, presidente de Paraguay, fue más directo: “mi presencia en esta cumbre, en ningún sentido ni circunstancia, representa un reconocimiento al gobierno del señor Nicolás Maduro. No hay ningún cambio de postura de mi gobierno y creo que es de caballeros decirlo de frente”.

Agregó el paraguayo: “la legitimidad democrática se va construyendo día a día, honrándola con nuestro actuar. No inmiscuyéndose en otros poderes, no manipulando la justicia. Yo quiero esto para toda la región. No hay otro camino que no sea la democracia”.

El último en fustigar a Nicolás Maduro fue el mandatario de Uruguay, Luis Lacalle Pou, quien puso nombre y apellido a las dictaduras de la región.

Lacalle aseguró: “compartimos la autodeterminación y la no intervención, pero uno de los elementos que impulsa la CELAC es la democracia, el mejor sistema que tienen los individuos para ser libres”.

El presidente de Uruguay, con voz tranquila pero firme, acusó que, “con el respeto debido, cuando uno ve que en determinados países no hay una democracia plena, cuando no se respeta la separación de poderes, cuando se utiliza el aparato represor para callar las protestas, cuando se encarcelan opositores, cuando no se respetan los derechos humanos, nosotros debemos decir con preocupación que vemos gravemente lo que ocurre en Cuba, Nicaragua y Venezuela”.

Tras la intervención de Luis Lacalle, tomó la palabra Nicolás Maduro, quien visiblemente molesto, lanzó un desafío: “le digo al presidente de Paraguay: ‘Ponga usted la fecha, el lugar y la hora para un debate sobre democracia’. En Paraguay, en Venezuela y en América Latina. Y estamos listos para darlo. Ponga usted el lugar…”.

E involucró al presidente de México: “O ponga Lacalle la fecha y el lugar. O usted, López Obrador. Y Venezuela está lista para debatir de democracia, de libertades, de resistencia, de revolución y de lo que haya que debatir de cara a los pueblos, en transmisión en vivo y en directo, o en privado. Como ustedes quieran. Con respeto y sin exclusiones”.

La mecha estaba encendida. Por momentos la Cumbre se salió de control y las miradas del presidente López Obrador hacia su canciller Marcelo Ebrard se hicieron duras. El mandatario mexicano quedó mal parado ante los malos cálculos y la falta de cabildeo del titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Falló la estrategia de Marcelo Ebrard. Y olvidó que con estos “invitados incómodos”, hizo enojar al vecino país del norte, el principal socio comercial de México, y hace a la Organización de Estados Americanos (OEA) más fuerte. Habrá que ver si hay consecuencias…

Analistas políticos vaticinan que esta fallida cumbre organizada por Ebrard podría causar reclamos de EE. UU., sobre todo por el tema migratorio y los miles de haitianos en México que pretenden llegar al vecino país, lo que le causaría problemas mayúsculos a la administración de Biden.

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