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Crimen de estado

Sin duda alguna, el tema Ayotzinapa ha sido tratado desde diversos ángulos y entendemos que habrá de escribirse mucho sobre el amargo acontecimiento.

La mentira, el engaño y el encubrimiento, han estado presentes en la muerte de 43 estudiantes que solo buscaban su superación personal y es donde nos debemos detener a recordar algo que se ha olvidado intencionalmente, en el sentido de que el Estado OBLIGÓ a que esos jóvenes salieran a la calle en busca de recursos para su manutención. Nótese, este renglón no se ha analizado, más que si acaso, para criminalizar a los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y en general a todos los que se desempeñan en instituciones de la misma naturaleza.

Las Escuelas Normales Rurales, nacieron a consecuencia de la Revolución Mexicana y los principios marcados en el Artículo 3° de nuestra Carta Magna; constituyeron los mejores centros para formar docentes, precisamente con sentido revolucionario, democrático y de ideas avanzadas; se convirtieron en los portaestandartes de los lineamientos del pensamiento reivindicador, además de que en los maestros rurales, todos los principios de la Constitución de 1917, encontraron sustento y auténticos voceros, luchadores en bien de las comunidades desprotegidas, así, el maestro rural se convirtió en líder del pueblo y con él, la educación alcanzó su esplendidez y el triunfo absoluto contra la ignorancia y la explotación. El maestro rural se desempeñó en el campo, manteniendo contacto permanente con la población económicamente más modesta del país, para orientar, luchar y disminuir los abusos de los hombres del poder.

Inscribirse en una Escuela Normal Rural constituía un gran mérito, logrado después de exámenes rígidos, donde sus integrantes gozaban de un internado, de comedores y una pequeña cuota para gastos personales. Al concluir su carrera, se les otorgaba lo que legítimamente les corresponde, una plaza docente y se les enviaba a diversas regiones del campo mexicano; muchos maestros rurales dieron ejemplo de dignidad y por supuesto, de congruencia; si tuviéramos que mencionar recientemente a un egresado de Escuela Normal Rural, destacado, valiente, congruente y digno de seguir su ejemplo, nada mejor que Lucio Cabañas.

Conforme los gobiernos mexicanos se fueron orientando hacia la descarada derecha, olvidaron los principios revolucionarios y la Escuela Normal Rural sufrió los embates, particularmente a raíz de la llegada al gobierno del tartufo y oscuro gobernante, Miguel de la Madrid, quien lejos de apoyar a la Escuela Normal Rural, empezaron a quitarle subsidios y a golpearla económicamente hasta procurar su desaparición; a los egresados se les negó la plaza legitima que les corresponde y por supuesto, ya no hubo presupuesto para comida, ni para pago de docentes.

Las penurias y los malos tratos fueron la constante, la idea era acabar con las Escuelas Normales Rurales, pero al final, éstas, eran más fuertes que las perversidades de los gobiernos reaccionarios y fue así como los alumnos de Escuelas Normales, se lanzaron a las calles en busca de recursos, justo el caso de Ayotzinapa y de otras, donde los estudiantes salían a “botear”, insistimos, así fue el caso de Iguala en aquella noche trágica del 27 de septiembre donde por el solo hecho de buscar medios de subsistencia 43 estudiantes fueron masacrados. Debemos considerar que el responsable absoluto de la muerte de 43 estudiantes, fue el Gobierno, mismo que los lanzó a la calle en busca de apoyos del pueblo.

Hagamos otra acotación respecto a las plazas docentes, que se les niega a los egresados y los obligan a presentar un examen que bajo ningún concepto debe hacerse; por el solo hecho de haber salido de una Escuela Normal Rural, tienen derecho a una plaza y no se le debe “escamotear” la misma, tengamos presente, la profesión de maestro es una profesión de estado y es tanto como negarle a un graduado de Escuela Militar, que tenga la plaza que le corresponde. Este enfoque que hemos dado a un tema tan peculiar, sin duda debe mantenerse muy presente en tan delicado asunto.

Debemos aceptar que ha habido un avance importante, cuando hace unos días el gobierno mexicano reconoció que se trataba de un crimen de estado y en efecto, eso es, el gobierno es culpable por cualquier lado que se analice, de la masacre de Iguala, pero lo que no debemos aceptar nunca, es que se trate de confundir a la población. El verdadero culpable del hecho no puede ser exonerado por nadie, ni aun por el Jefe de la Nación. Quiérase o no, el autor intelectual es, ha sido y será Enrique Peña Nieto y varios de sus principales colaboradores, no solo quien fuera procurador, sin duda culpable de maniobrar pruebas falsas.

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