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Controversia ambiental; ¿Peligran los océanos con la minería marina?

El 71 por ciento de la Tierra está cubierto por los océanos que también son el termostato y el almacén de dióxido de carbono más grande del planeta, porque absorben un 25 por ciento de las emisiones de CO2 provocadas por el ser humano y, a la vez, proporcionan alimento y más del 50 por ciento del oxígeno que respiramos.

Sin embargo, los registros de pesca intensiva revelan que casi la mitad de la vida marina ha sido consumida y no se respetan los ciclos de nacimiento y crecimiento de las especies; además, la cantidad de basura lanzada al mar, especialmente el plástico, está generando niveles de contaminación nunca antes vistos.

A estas problemáticas, hoy se suma la innovadora actividad denominada minería marina, que consiste en introducir en el fondo marino maquinaria pesada controlada por modernos sistemas para extraer metales esenciales para las energías verdes.

Un ejemplo de esta modalidad es el trabajo de la empresa canadiense The Metals Company, que produce metales a partir de rocas polimetálicas o nódulos que colecta en el lecho marino de la Zona Clarion Clipperton en el Océano Pacífico, que sirven para impulsar vehículos eléctricos.

Gerard Barron, director general de The Metals Company, los califica como “baterías en una roca”, porque contienen metales esenciales para la fabricación de vehículos eléctricos, un mercado en auge en todo el mundo.

 

PROBLEMA MILLONARIO

La empresa de Barron es la más importante entre las compañías interesadas en los miles de millones de dólares que producirá la recolección de las pequeñas rocas submarinas que califican como la fuente más limpia de metales de calidad del planeta y el mejor camino a seguir.

El problema radica en que la transición a las energías renovables necesita de una cantidad gigantesca de recursos naturales y, para satisfacer a la creciente demanda, las empresas mineras, los fabricantes de automóviles y los gobiernos, están explorando el planeta en busca de potenciales minas o ampliando las ya existentes.

Sin embargo, en esta búsqueda el Servicio Geológico de Estados Unidos calcula que en una sola región del Pacífico hay 21 mil millones de toneladas de nódulos polimetálicos, que contienen más cantidad de algunos metales, como níquel y cobalto, que todos los yacimientos de las tierras secas del mundo.

“Extraer nódulos de las profundidades del mar no solo es más barato que la minería tradicional, sino también más respetuoso con el planeta. Con ella, no se arrancarán selvas tropicales, no se desplazará a los pueblos indígenas y no se envenenarán los ríos con residuos tóxicos”, declaró el principal de The Metals Company.

No obstante, diversos grupos ecologistas, científicos e incluso algunas empresas del mercado de metales para baterías, consideran que enviar maquinaria gigante a remover y arrasar el fondo del mar alterará el hábitat marino y causará un gran desastre ambiental para la humanidad.

VOCES DE ALERTA

Alexandra Costeau, nieta del gran explorador marino Jack Costeau, considera que los océanos son el mayor desfogue de carbono del planeta; por ello, advierte que nadie sabe cómo esta actividad afectará a las numerosas formas de vida que habitan en los abismos del mar, ni a la vida marina de las primeras capas de la columna de agua.

Al respecto, el Parlamento Europeo junto a países como Alemania, Chile, España y varias naciones insulares del Pacífico, se han unido a decenas de organizaciones para exigir un aplazamiento temporal de la minería de los fondos marinos.

Asimismo, varios bancos han declarado que no concederán préstamos a empresas mineras oceánicas y empresas como BMW, Microsoft, Google, Volvo y Volkswagen; se han comprometido a no comprar metales de los fondos marinos hasta que se verifique realmente su impacto ambiental.

“Esto tiene el potencial de transformar los océanos, y no para mejor, incluso podríamos llegar a perder partes del planeta y especies que viven allí antes de que las conozcamos, las entendamos y las valoremos”, afirmó en entrevista con la revista Wired, Diva Amon, científica marina que ha trabajado mucho en la principal zona del Pacífico.

Para Greenpeace, esta actividad es negativa para la biodiversidad marina porque se extinguirán especies que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta, se alterará uno de los mejores aliados contra el cambio climático, se impactará en la cadena alimenticia global y se destruirán muchos recursos naturales que aún no hemos descubierto o estudiado.

(Con información de la cadena alemana de noticias DW y de la Agencia EFE)

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