Contemplación y meditación

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Hoy es un buen día para hablar de la contemplación; palabra que procede de contemplum de origen latino, aludía a la plataforma delante del templo, desde donde los sacerdotes antiguos observaban el firmamento para descifrar lo que los dioses querían decir.

Se trata de mirar, pero mirar con atención y mucho interés; es una acción, pero a su vez también es efecto de esa acción, ¿maravilloso no crees?

Existen tres tipos de la contemplación:

La primera es la estética o artística, por ejemplo, cuando en una buena película, presto toda mi atención y al mismo tiempo, se presenta en mí, un gozo infinito de verla; también puede ocurrir cuando observo a la naturaleza, por ejemplo, contemplar una tormenta y al final un faro que ilumina el camino a seguir, puede suceder con cualquier forma natural o artística que decida, cada uno, que nos complace.

La contemplación religiosa o espiritual donde se experimenta a la trascendencia, a Dios, propia de los místicos que llevan una vida espiritual.

Y la contemplación filosófica, en donde lo que se mira es a la verdad y al bien. Aristóteles es el filósofo de la contemplación por excelencia, en su libro Ética nicomáquea, afirma que la vida contemplativa es la única que nos puede llevar a la felicidad. Sin bien es cierto que los seres humanos necesitamos placeres, riquezas y reconocimiento social, todo ello junto, por sí solo, no nos conduciría a alcanzar la felicidad.

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Es necesario algo más, y eso es darnos cuenta de nosotros mismos a través de la racionalidad. La razón, cuando se da cuenta, no solo de lo que es capaz de conocer y de hacer, sino que se percata también de la capacidad de verse, llega a un estado de plenitud que llamaremos contemplación.

Es algo parecido a cuando nos damos cuenta que escuchamos, o cuando percibimos que vemos cuando miramos, de la misma manera sucede con el pensamiento, cuando éste , volcándose hacía sí mismo, se da cuenta que es capaz de pensar.

Intentaré describirlo de otra manera. Por ejemplo, todos los seres humanos tenemos la capacidad de desear algo, pues bien, cuando esa capacidad se ve a sí misma, cuando solo percibo que deseo y no necesariamente el deseo de una cosa es ahí y solo ahí, donde regreso a mí misma y me descubro en mis facultades.

Para Aristóteles darnos cuenta de que, somos seres pensantes cuando pensamos, nos lleva a la gran verdad humana; saber que percibo y que pienso me hace contemplar mi lugar en el mundo y mi responsabilidad sobre mí mismo. No puedo cambiar mucho de lo que sucede a mi alrededor, pero sí puedo verme a mí en lo que pienso, digo y hago. Esto me hace fuerte para enfrentar a las situaciones que ya están y que no puedo controlar.

Durante una actividad de meditación puedo llegar muchas veces a la contemplación, y así, alcanzar un estado que podemos llamar felicidad y también paz del alma.

En momentos inciertos, en donde nos estamos cuidando y que detuvimos la prisa de todos los días, meditar para, encontrarnos a nosotros mismos, en algunos momentos nos vendría muy bien, por lo menos intentarlo, eso pienso.

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