Conciliar el mundo natural y la espiritualidad

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Hoy hablaremos de un filósofo poco conocido del siglo XX, Teilhard de Chardin. Nacido en Orsini, Francia en 1881, quiso desde muy joven conciliar la fe cristiana con la razón. Fue sacerdote jesuita, teólogo, místico y paleontólogo. Como todo el que quiere conciliar, quedó en medio de la ciencia y la religión y fue criticado por ambas.

Chardin se consideraba hijo de la tierra y del cielo también. Se ordenó sacerdote en 1905 y en 1909 se empezó a dedicar al mundo de lo natural. En la Universidad de la Sorbona, recibió tres títulos: el de geología, botánica y zoología.

Para 1930, el Vaticano desaprobó sus artículos; entonces Chardin, decidió dedicarle más tiempo a la antropología, viajando a China, en donde, fue uno de los miembros del equipo que descubrieron los restos del homo de Pekín. En ese momento, los antropólogos estaban muy ocupados en la búsqueda del eslabón perdido, que es el ancestro común que tenemos los Homo sapiens con los demás homínidos de la naturaleza, dicho más fácil, el primo que nos une y por el cual evolucionamos hasta lo que somos hoy.

En la primera Guerra Mundial, Chardin fue un héroe de la patria, ayudando a los enfermos y a las víctimas de las armas de guerra. Por ese entonces, quiso encontrar puntos que integraran al todo, es decir, una visión holística en donde Dios, el Cosmos, la naturaleza y el ser humano se relacionaran en una unidad total. Por este tema fue acusado de panteísta, aunque ya para los años setenta resultaba aceptable su discurso sobre la unidad del todo.

A partir de entonces, Chardin concibe que lo importante para el hombre es hacia dónde se dirige; es decir, no las causas de lo que hacemos, sino para qué lo hacemos.

En total hizo 25 viajes a China, en los que buscó lo inalterable dentro del fluir de todo lo natural. Como parte de la filosofía fenomenológica, buscó abrir su conciencia hacia nuevas maneras de entender, concibiendo que la conciencia puede captar, a través de la intuición, momentos en que se pueda generar nuevas visiones del mundo.

Siguiendo al filósofo Bergson, del que yo me considero gran seguidora, pensó que todo en el cosmos es uno y múltiple a la vez, simple y complejo, así como permanente en el fluir y el cambio.

Teilhard de Chardin concibió siempre a la trascendencia humana, creando situaciones en donde la ciencia y la religión pudieran dialogar y converger en muchos puntos. La bioética, por ejemplo, es punto de convergencia entre la ciencia y la espiritualidad, los fundadores de esta disciplina Fritz Jahr y Van Potter tuvieron influencia de Chardin.

Murió en Nueva York en 1955, por mi parte te recomiendo ampliamente empezar a estudiarlo en su libro: El fenómeno humano

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