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Con 4T o neoliberalismo, Pemex sigue invadido por la corrupción

Cada vez que se habla de inoperancia, deficiencia y corrupción de una dependencia oficial es inevitable pensar en la empresa paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex). Y es que al menos durante los sexenios de Carlos Salinas de Gortari al de Enrique Peña Nieto, Pemex batió todas las marcas de corrupción institucional.

Como antes, igual que hoy –en el gobierno de la 4T– con Octavio Romero Oropeza al frente, Pemex concentra todos los vicios de la corrupción: contratos a discreción, opacidad en obras, deuda creciente, afectaciones al medio ambiente y tratos oscuros con el sindicato.

No es fortuito que al día de hoy cuatro directores de esa dependencia hayan sido encarcelados y otros tres aún están bajo investigaciones, todas por corrupción, indiciados por la Fiscalía General de la República. El caso más reciente es el de Emilio Lozoya Austin, al que el gobierno de la 4T mantiene en prisión acusado de quebranto patrimonial por 500 millones de dólares.

Los otros directores de Pemex que fueron encarcelados por corrupción, fueron Jorge Díaz Serrano, director en el sexenio de José López Portillo, encarcelado por Carlos Salinas; Rogelio Montemayor Seguy, director en el gobierno de Ernesto Zedillo, encarcelado por Vicente Fox; y Raúl Muñoz Leos, titular de Pemex en el gobierno de Vicente Fox, encarcelado en el gobierno de Felipe Calderón.

A ellos se han sumado, por casos de corrupción, investigaciones abiertas de la FGR en contra de Juan José Suarez Coppel, director en el sexenio de Felipe Calderón; Carlos Alberto Treviño Morales y José Antonio González Anaya, ambos sucesivamente directores de Pemex en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Las tres investigaciones corren por cuenta de la FGR de Gertz Manero, del actual gobierno federal.

Bajo ese antecedente, no se observa lejana la posibilidad de que el futuro de Octavio Romero Oropeza sea la cárcel, no solo por la fuerza del destino que implica ser director de Pemex, sino porque la práctica de la corrupción sigue siendo algo cotidiano en esa institución.

Uno de los casos más emblemáticos –que denotan corrupción dentro de la administración actual de Pemex– es el de los contratos otorgados a la empresa Baker Hughes, una de las principales proveedoras de Pemex. Desde que Octavio Oropeza se encuentra al frente de Pemex, esta dependencia de manera extraña ha incrementado sus compras a Baker Hughes.

El último año de la administración de Peña Nieto, Pemex pagó a Baker Hughes facturas por 2 mil 900 millones de pesos. De 2019 a 2021, los pagos de Pemex a Baker Hughes se triplicaron: en 2019 Pemex pagó a Baker Hughes la cantidad de 4 mil 119 millones de pesos, en el año 2020 fueron 6 mil 494 millones de pesos y en el 2021 se alcanzó la cifra récord de pagos con 8 mil 859 millones de pesos.

 

LA DEUDA IMPARABLE

Pese al imposible pronóstico deficitario de una empresa dedicada al negocio de los hidrocarburos en un mundo que demanda el consumo acelerado de hidrocarburos, Pemex es una empresa que mantiene una gran deuda pública. Tal vez por incompetencia o corrupción, pero dentro de esa institución al día de hoy no se ha podido equilibrar las ventas con los gastos. Eso ha generado un incremento en la deuda púbica de la paraestatal.

Al día de hoy la deuda de Pemex es de 107 mil 387 millones de dólares. Los vencimientos de esa deuda entre el 2023 y el 2024 son por el orden de los 15 mil 500 millones de pesos, lo que pondrá en verdaderos aprietos a la dirección de esa dependencia, a la que –ante la falta de recursos– no le quedará otra salida que continuar con la escalada de endeudamiento.

Y así ha sido la actuación financiera de Pemex bajo la dirección de Octavio Romero Oropeza, solo endeudamiento. En 2018 Pemex cerró con una deuda de 141 mil 908 millones de pesos. En ese año el endeudamiento 36 mil 182 millones de dólares. En 2019, cuando parecía que no habría deuda, ésta se presentó en forma de un empréstito de 4 mil 350 millones de dólares.

En 2020, la deuda aumentada de Pemex fue de 34 mil 875 millones de dólares, en 2021 la deuda contraída fue de 44 mil 100 millones de pesos, y para 2022 fue de 65 mil millones de dólares. Para el cierre del 2023, Pemex cuenta con autorización para endeudarse hasta por 29 mil 997 millones de dólares.

 

EL SAQUEO, IGUAL QUE ANTES

Más allá de los niveles de productividad que en términos reales pueda representar, la compra de la refinería Deer Park en Texas, ha sido una carga innecesaria para Pemex. La sola adquisición de esta refinería –que solo está apoyando en la producción de diésel– representa el incremento de una deuda de 980 millones de dólares que esta firma mantiene con diversos proveedores.

Deer Park se vendió al gobierno mexicano por la cantidad de 600 millones de dólares, pero su deuda 1.5 veces mayor al precio de venta de esas instalaciones. Ello obligará a que, en el caso de que Deer Park logre utilidades, en los próximos diez años dichas utilidades se destinarán al pago de la deuda local.

A lo anterior, hay que sumar que el saqueo dentro de Pemex no ha frenado, se sigue dando en la misma medida y el mismo modelo en que se observaba en pasado gobiernos neoliberales. Solo basta un ejemplo: la construcción a sobrecosto de la refinería de Dos Bocas en el municipio de Paraíso, Tabasco.

De acuerdo a la Auditoría Superior de la Federación, solo en 2021 Pemex destinó 6 mil 500 millones de dólares para la construcción de la refinería de Dos Bocas. Dichos recursos han sido insuficientes para la citada construcción, pues el costo de la obra se ha disparado 2.6 veces más por encima de lo previsto. Nadie sabe la razón del incremento del precio de la obra, y lo que es peor, ni el propio director Octavio Romero Oropeza, lo puede explicar.

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