Comunidad LGBTQ+ árabe dedica el Pride a Sarah Hegazi en el marco de su aniversario luctuoso

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Sarah Hegazi fue una activista egipcia que después de publicar una foto de ella en un concierto con la bandera del orgullo gay en la espalda fue perseguida y atacada tanto psicológica como físicamente por la sociedad musulmán-conservadora y el estado egipcio, esto le dejó un daño psicológico tal que la depresión y la ansiedad la orillaron al suicidio el 21 de junio del 2020 en Toronto, Canada. Esta se considera como uno de los tantos dolorosos ataques que sufre la comunidad en Egipto, cuyo gobierno aún no quiere reconocer «la legitimidad» de la comunidad.

En 2017 Sarah asistió en el Cairo al concierto de Mashrou ‘Leila, banda que en muchos sentidos es considerada un símbolo de la comunidad LGBTQ+ en Egipto y que por ende entre su público tiene a miembros de la misma. Este evento provocaba ilusión y preocupación en el público, puesto que a pesar de significar un grito abierto en la lucha que tiene la comunidad por delante, también denotó la persecución del gobierno de Abdel Fattah al-Sisi, presidente de Egipto, hacia la misma, de tal forma que se sabía que el concierto estaría vigilado.

Entonces pasó el curioso momento que habría marcado de una manera hermosa la historia personal de Sarah, pero que culminarían en marcar de una forma violenta la historia de Egipto, entre el furor de la música y el público surge Sarah Hegazi sobre las piernas de un compañero, ella siguiendo la ardiente corriente de la muchedumbre, sacó la bandera multicolor que habría guardado en su bolsillo y se la puso en la espalda, un amigo suyo no dudó en capturar en fotografía el momento en que Sarah dijo haberse sentido alegre y libre “Me estaba declarando en una sociedad que odia todo lo que es diferente de la norma”.

La foto comenzó a circular en las redes, de nueva cuenta como un símbolo de la lucha que tiene la comunidad por su reconocimiento y respeto, tal fue el capital que representó esa acción colectiva de exponer públicamente la bandera, que la sociedad musulmán-conservadora respaldada por el estado no dudaron en iniciar una de las mayores persecuciones que ha sufrido la comunidad, alrededor de 75 personas fueron arrestadas y algunas hasta condenadas en los días siguientes al concierto, entre ellas se encontraba Sarah ¿Las acusaciones? Si bien no se tiene tipicificada la homosexualidad como delito, el estado egipcio no duda en respaldar sus acusaciones con normas que hablan acerca de las conductas indebidas. Ahí iniciaría la odisea de la activista cuyo pecado fue el exponer su identidad.

“Cuando me arrestaron en mi casa frente a mi familia, un agente me preguntó qué pensaba de la religión, por qué no llevaba el velo y si era virgen o no. El agente me vendó los ojos en el auto que me llevaba a un lugar que no tenía que reconocer”

Al ser arrestada primero fue llevada a un encierro en un lugar que desconocía puesto que le habían vendado los ojos, al llegar con una mordaza fue torturada con electrocución y por medio de otras mujeres que fueron obligadas a violentarla física y sexualmente, finalmente permaneció aislada por varios días en una celda.

La tortura y un retrogrado interrogatorio en el que básicamente se expusieron los estereotipos que el estado y sociedad sostienen sobre la comunidad como cuando Sarah relató que uno de los agentes «preguntó sarcásticamente por qué los homosexuales no se acuestan con niños o animales”.

Tres meses antes de ser liberada debido a la presión internacional en enero de 2018 bastaron para romper la mente de Sarah a tal punto que no podía sostener la mirada con otra persona, aún después los ataques a su persona por la comunidad egipcia siguieron hasta que encontró asilo político en Canadá.

Su viaje al otro lado del mundo no bastó para alejarse lo suficiente del infierno que vivió, puesto que el miedo la consumía, el miedo a su familia que también la habría juzgado, el miedo a la sociedad que la tachó, miedo de un gobierno que logró quebrantar su mente pero no sus ideas. Con la muerte de su madre comenzó la peor parte, ataques de ansiedad y depresión, finalmente se quitó la vida el 21 de junio de 2020.

Para estas fechas, la comunidad musulmana decidió dedicar el mes del orgullo a ella, la activista que por la alegría de expresar y ser quién era fue condenada, y que denota la persecución que se vive no solo en Egipto, una persecución alimentada de mentes conservadoras radicales.

¿Qué nos queda de Sarah? Esta es una fecha que claramente debe doler a aquellas personas que buscamos la visibilización y respeto a la comunidad, y no se debe olvidar que a Sarah la torturó el estado hasta la muerte, eso es lo que nos dice su partida ¿Qué nos dice su vida? Nos habla de una sonrisa con una bandera en la espalda que denota quienes somos, nos habla de aceptación, nos habla de una persona que a pesar de cargar con demonios propios no dudó en seguir intentando depurar a los del mundo, quizá  quebraron su cuerpo y su mente pero no su identidad ni sus ideas.

 

 

 

 

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