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Indígenas tzotziles danzan por el Día de Reyes en el sur de México

Indígenas tzotziles danzaron este viernes el Tajimol Vacakax mamal (baile del torito) en honor a la imagen del Niño Dios, en el Día de Los Reyes Magos, una práctica del sincretismo que aún se mantiene viva en el municipio de Zinacantán, en el sureño estado mexicano de Chiapas.

Ataviados con los trajes representativos de la región, los mayordomos (autoridades religiosas) realizaron una representación de los Reyes Magos y los pastores quienes alegran a las deidades de los mayas tzotziles de Zinacantán.

Juan Carlos Pérez Gómez, habitante de Zinacantán, relató a EFE la importancia de la tradición en esta localidad.

“En esta tradición participan dos vaqueros y dos damas, juegan, hacen alusión a la alegría y algarabía de la llegada del Año Nuevo y Los Reyes Magos, toda la gente, la ciudadanía, salen a festejar en esta fecha”, señaló.

El joven dijo también que esta danza se realiza con fe pues se “agradece el Año Nuevo para que estemos con gusto y agradecer a Dios las oportunidades que se nos vienen”.

Acompañados de la luna llena, comienzan los rezos, la quema de velas, y desde muy temprano se puede escuchar la música de violines, arpas, pitos y tambores de los indígenas tzotziles invocando a la divinidad para su protección y abundancia para este 2023.

A pesar de las bajas temperaturas que se han registrado en la zona y el temor por la pandemia de la covid-19, los mayores y los jóvenes mantienen esta alegre y divertida danza conocida como “Caballitos de palo” con personajes que representan a los abuelos o pastores.

Estas representaciones escénicas son presenciadas por el pueblo católico, en los templos frente al pesebre del Niño Dios que se encuentra adornado con musgos y figuras de barros alusivas a los animales de una granja.

Los mayordomos en este día se esmeran para divertir a los pobladores y también recorren las calles con el torito a lado de los vaqueros y los mamaletik (abuelos o pastores) detrás de ellos caminan los músicos con el pito de madera (flauta) y el tambor.

Alejandra de la Cruz, habitante de Zinacantán, explicó que lleva muchos años acudiendo a presenciar esta tradición.

“Yo desde que tengo conciencia, desde que entré a la primaria, desde los 6 años pues ya empezaba a ver eso y es desde hace mucho tiempo antes que nuestros antepasados lo dejaron así como algo único para ser representado por estas fechas”, dijo.

Esta tradición ancestral termina en la tarde noche con el sacrificio del toro de petate, donde los indígenas representan la sangre del animal con posh (bebida de caña) y la beben para continuar la fiesta. EFE

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