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Buen año

Eduardo López  Betancourt
Eduardo López Betancourt

Llegamos a un fin de año donde cada uno tendrá que evaluar sus logros y fracasos; en lo personal, quiero compartirles que para mí ha tenido peculiaridades, en que fui víctima de infamias, persecuciones y perversidades. Desde hace dos años, hay quien ha buscado acabar con mi prestigio y, después de casi seis décadas como académico, fui perjudicado con una falsa acusación. Hombres de “gran poder”, pretendieron eliminarme, así, mi vida y la de los míos, estuvo en grave riesgo, lo que menos buscaba era impedir mi libertad.

La acusación que sobre mi pesó, era increíblemente irrisoria; algo que me ha caracterizado en el tiempo que llevo de docente, es el respeto absoluto a mis discípulos, con quienes no solo fui un informador, ante todo pretendí formarles un carácter, una conducta acorde a sus lineamientos morales y éticos. Por las aulas en que he impartido catedra, han pasado más de sesenta mil alumnos y ninguno de ellos, hasta la fecha, podrá mencionar haber sido agraviado por un acto vergonzante u ofensivo de mi parte, pero intervinieron los inicuos infernales, impulsados por la envidia, el coraje y me atrevo a decir que, hasta odio, que les causa un hombre como yo, que les ha de decir sus verdades a quien sea, particularmente a los poderosos.

Sin más, un “orangután” inventó un delito utilizando a testaferros y mequetrefes, para sus diabólicos objetivos. Fueron dos años de lucha desigual, fundamentalmente el daño ya se había causado, nadie dudaba de mi culpabilidad inexistente y el famoso principio de inocencia se convirtió, de la noche a la mañana, en una falacia. Ni propios ni extraños dudaron de una responsabilidad que manchó mi nombre, pero eso no es lo grave, también el de mi familia, algo imperdonable; de manera cobarde, instituciones supuestamente respetables, formaron parte del “coro”, para ofenderme hasta la saciedad, pocos fueron los que creyeron en mi inocencia, para ellos nunca tendré suficientes palabras de agradecimiento, me he convertido en su perene deudor y al final, bien les reconocí en una carta, se convirtieron en mis íntimos, mis cercanos y fraternos, ya son parte de mi esencia, son como decía Atahualpa: “son ellos mismos en mi piel…”.

Me sentí muerto en vida, un autómata que transitaba entre la crueldad y la perversidad. Siendo el mayor autor de libros jurídicos que haya habido en México, los mismo fueron prohibidos; nótese como los “enanos” prohibieron la cultura, para dar salida a sus envidias y venganzas. Los ruines no descansan, sé que siguen preparando ataques en mi contra, pero deben saber que tendrán respuesta. No es fácil mantener la dignidad, es mucho más sencillo aceptar la tiranía y convertirse en cómplice, pero ese no es mi carácter, ni mi camino, no me pienso doblegar, menos al haber logrado una inédita resolución, por la cual no solo se comprobó mi inocencia, sino lo más grato, la plena inexistencia del delito. Castigar a los autores de la fechoría es casi imposible, insisto, se encuentra en el poder, no hay forma de acabar con esas “bestias”, pero si es factible denunciarlos y pasarán a la historia como lo que son, auténticos calígulas, descendientes directos de lucifer y émulos de las peores cobardías.

La infamia que sufrí me ha permitido, una vez más, una enseñanza para las decenas de miles de mis discípulos, en el sentido de que luchen, que no bajen la guardia, que estén dispuestos a dar la cara en todos los ámbitos y denunciar a los mentecatos, a los corruptos asquerosos e infames malnacidos que han venido al mundo para dejar huellas de su putrefacción. Nunca hay crimen perfecto y estas alimañas serán señaladas en la historia cual bestias malditas, coincidentes en las conductas de los más detestables criminales, asesinos en serie de la verdad.

Triunfé y es lo importante, mostré que la veracidad se impone, que no se puede, bajo ningún concepto, dejar de combatir, aunque nos cueste la vida. Probé mi absoluta inocencia; logré mantener la amistad y el cariño de quienes me regalan su valioso tiempo en leer mis notas y con quienes mantengo el compromiso de no doblegarme nunca ante los tiranos. Gracias y feliz año.

 

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