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Asesinato de adolescente aborigen y respuesta policial indignan a Australia

El brutal asesinato de un niño aborigen calificado por el primer ministro como racista y la insensible respuesta policial ha desatado una ola de indignación en Australia, donde la población indígena ha sido históricamente discriminada.

Miles de personas se han manifestado en los últimos días en varios puntos de la nación oceánica para pedir justicia por el fallecimiento de Cassius Turvey, de 15 años, a raíz del brutal ataque perpetrado por un hombre blanco, de 21 años, con una barra metálica en la ciudad suroccidental de Perth.

El violento asalto sucedió el 13 de octubre a la salida del colegio del adolescente, quien pereció diez días después.

En una vigilia anoche frente al ayuntamiento de Sídney, en la que participaron 2.000 personas, según medios locales, se encendieron velas y mostraron fotos en recuerdo del adolescente.

En un emotivo discurso escrito por la madre del fallecido, y leído por uno de los participantes, recordó a su hijo como una “estrella brillante” y un joven amable “que trataba a todos por igual y con respeto” con un “corazón más grande que la vida”, y pidió que su muerte no genere más violencia.

A la indignación por el asesinato se suma la polémica tras la declaración pública del comisionado de la Policía de la región de Australia Occidental, Col Blanch, quien argumentó que el chico estuvo “en el lugar equivocado y en el momento equivocado”, durante una entrevista radiofónica el 25 de octubre.

Esas palabras fueron consideradas como “insensibles, por decir lo mínimo, y en el peor de los casos, (supone) una disculpa hacia el acusado”, por un agente policial indígena en una carta publicada este jueves por la cadena pública ABC.

“Las declaraciones del comisionado Col Blanch sobre el presunto asesinato de Cassius Turvey son francamente atroces”, agregó el policía indígena, que no quiso ser identificado.

Por su parte, la periodista aborigen Brooke Boney, subrayó en un artículo de opinión publicado la víspera en el diario Sydney Morning Herald que “si un niño negro no puede volver a casa desde la escuela sin miedo, significa que no está en una sociedad civilizada. Esto es anarquía, barbarie, una vergüenza”.

Ante las críticas, el comisionado Blanch insistió el miércoles a la ABC que él se refería a “una persona inocente en el lugar equivocado” y abogó por la lucha contra el racismo.

El detenido por el asesinato, que según la policía declaró que actuó al pensar que el adolescente le rompió previamente los cristales de su vehículo, comparecerá este mes ante un tribunal de Perth para la lectura de cargos formales.

El caso de la muerte de Cassius “claramente tiene una motivación racial”, declaró ante los medios el 28 de octubre el primer ministro australiano, Anthony Albanese.

El homicidio de Cassius Turvey recuerda al asesinato en 2016 del también adolescente aborigen Elijah Doughty, de 14 años, cuando un hombre blanco le embistió con su coche al pensar que el chaval le había robado su motocicleta.

El hombre, de 56 años, fue absuelto en 2017 de la acusación formulada de homicidio involuntario, aunque culpado de otro cargo de menor gravedad, una decisión judicial que causó gran malestar entre la comunidad aborigen.

Los indígenas australianos, que representan el 3,2 % de la población de más de 35 millones que tiene Australia, han sido víctimas de constante maltrato desde la colonización, además de ser desposeídos de sus tierras y discriminados sistemáticamente por las instituciones, organizaciones y la sociedad en general.

EFE

JBR

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