Américo Villarreal y Alfonso Durazo, en la mira de la justicia de EE. UU.

Américo Villarreal y Alfonso Durazo, en la mira de la justicia de EE. UU.
Ángel Metropolitano

La relación entre México y Estados Unidos atraviesa uno de sus momentos más delicados en materia de seguridad. A la ofensiva estadounidense contra redes de tráfico de fentanilo, lavado de dinero y organizaciones criminales, se suma ahora un episodio que involucra directamente a dos gobernadores morenistas en funciones: Américo Villarreal Anaya, de Tamaulipas, y Alfonso Durazo Montaño, de Sonora.

La polémica estalló luego de que diversos medios estadounidenses –como Los Ángeles Times– difundieran versiones sobre la cancelación de las visas de ambos mandatarios. Los gobernadores rechazaron los señalamientos y sostuvieron públicamente que conservan el documento vigente.

Sin embargo, la periodista Adela Navarro Bello, directora del semanario Zeta, afirmó que fuentes consultadas dentro de instancias estadounidenses le confirmaron una situación distinta: aunque físicamente ambos políticos conservan sus visas, éstas aparecerían como revocadas dentro de los sistemas migratorios de Estados Unidos.

“En el sistema del gobierno de Estados Unidos, las visas aparecen como revocadas, como canceladas”, sostuvo Navarro Bello en entrevista con Carmen Aristegui. La directora del semanario Zeta aseguró que Américo Villarreal tiene 19 meses sin realizar una visita al vecino país del norte.

La afirmación provocó una nueva ola de especulaciones sobre el alcance de las investigaciones que actualmente realizan agencias estadounidenses en torno a actores políticos mexicanos.

¿DE QUÉ SE LES SEÑALA?

Hasta ahora, ninguna autoridad estadounidense ha presentado públicamente acusaciones penales contra Villarreal o Durazo. Tampoco existe una imputación formal dada a conocer por el Departamento de Justicia.

No obstante, los reportes periodísticos señalan que ambos gobernadores habrían sido mencionados en investigaciones relacionadas con presuntos vínculos de operadores políticos con grupos del crimen organizado, particularmente en estados donde históricamente han operado organizaciones dedicadas al narcotráfico, tráfico de personas, contrabando de combustible y lavado de dinero.

En el caso de Tamaulipas, las autoridades estadounidenses han mantenido durante años investigaciones sobre redes criminales con influencia en la frontera norte. Sonora, por su parte, es considerado uno de los corredores estratégicos para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos.

Diversos analistas coinciden en que una eventual revocación de visas suele ser utilizada por Washington como una medida administrativa preventiva cuando existen investigaciones abiertas o información considerada sensible, aun cuando no se hayan formulado cargos judiciales.

La importancia del caso trasciende el ámbito migratorio. Para un gobernador mexicano, perder el acceso a territorio estadounidense representa un fuerte golpe político y diplomático.

Estados Unidos no está obligado a explicar públicamente las razones de una cancelación de visa. Las decisiones suelen ampararse en disposiciones de seguridad nacional o en información reservada.

Por ello, una revocación de esta naturaleza suele interpretarse como una señal de desconfianza institucional. Más aún cuando involucra a figuras políticas con responsabilidades de gobierno y relaciones permanentes con autoridades estadounidenses.

La situación adquiere mayor relevancia porque ocurre en momentos en que Washington ha endurecido su postura frente a funcionarios latinoamericanos presuntamente relacionados con redes criminales o actos de corrupción.

LOS ESCENARIOS QUE ENFRENTAN

Mientras no exista una confirmación oficial del gobierno estadounidense, el caso continuará moviéndose en el terreno político y mediático.

El primer escenario es que la controversia se diluya si ambos gobernadores logran acreditar sin margen de duda la vigencia de sus permisos migratorios.

El segundo contempla que Estados Unidos mantenga una posición de silencio institucional, dejando abierta la incertidumbre sobre el estatus real de las visas.

El tercero, y políticamente más complejo, sería que futuras investigaciones federales estadounidenses revelen información adicional que involucre a funcionarios mexicanos en expedientes relacionados con organizaciones criminales.

Para Morena, cualquier avance en esa dirección representaría un desafío significativo, especialmente en estados estratégicos para la operación política del partido.

Hasta ahora, ni Américo Villarreal ni Alfonso Durazo enfrentan acusaciones formales conocidas en tribunales estadounidenses. Sin embargo, la sola posibilidad de que sus nombres aparezcan asociados a investigaciones federales ha sido suficiente para colocarlos bajo una intensa observación pública.