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¡Amenaza real! México podría quedarse sin agua en pocos años

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Los recursos hídricos están siendo afectados por malos manejos en la infraestructura, robos, corrupción y un cambio climático que produce mayores estragos año tras año; a pesar de que las cifras oficiales muestran que el 96 por ciento tiene acceso al agua potable, la realidad es que esa data es errónea, porque considera que una persona posee el líquido vital si su vivienda está conectada a una tubería, sin importar si esa conexión efectivamente cuenta con el servicio.

Según el reporte de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) de 2022, desde 2006 al 2023 sucesivamente menos municipios han tenido agua; en 2006, el 61 por ciento contaban con el servicio, pero este año la cifra ha disminuido al punto de que solo el 33 por ciento posee el acceso.

Asimismo, la Ciudad de México (CDMX) ha sido vaticinada que se quedará sin agua en 2028 por un grupo de investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM); al respecto, los científicos han resaltado que la capital sufrirá el “día cero” porque el acceso y la distribución de agua potable será insostenible para el Gobierno.

Al respecto, el Coordinador General de la Red de Investigación en Agua de la UAM (AgUAM), Roberto Constantino Toto, aseguró en conferencia de prensa, que “es urgente reformular los sistemas de llenado en presas y de manejo de aguas residuales, porque, de no tomarse estas medidas, la estimación coloca el Día Cero para la capital en 2028”.

Cabe resaltar que las proyecciones de la UAM, respecto a la viabilidad del recurso hídrico para al capital, coinciden con las de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que consideran que en unos cinco años la Ciudad de México podría perder completamente la capacidad para abastecer y garantizar el acceso al líquido.

CDMX

 

SITUACIÓN DRAMÁTICA EN EL VALLE DE MÉXICO

La situación es dramática para muchos pobladores y de diversas índoles; por ejemplo, recientemente el Gobierno de la CDMX y la Comisión Nacional del Agua (Conagua) declararon que 12 alcaldías y 16 municipios tendrán problemas en el abastecimiento de agua debido al bajo nivel de presas en el Sistema Cutzamala.

Los sectores afectados en la capital son Álvaro Obregón, Azcapotzalco, Benito Juárez, Coyoacán, Cuajimalpa de Morelos, Cuauhtémoc, Iztacalco, Iztapalapa, La Magdalena Contreras, Miguel Hidalgo, Tlalpan y Venustiano Carranza; mientras que en el Estado de México son Acolman, Atizapán de Zaragoza, Coacalco, Cuautitlán Izcalli, Ecatepec, Huixquilucan, Naucalpan, Nicolás Romero, Nezahualcóyotl, San Mateo Atenco, Ocoyoacac, Temoaya, Tecámac, Toluca, Tultitlán y Tlalnepantla.

Asimismo, en 2000, la alcaldía Milpa Alta contaba con agua seis días a la semana, situación que actualmente se ha reducido a la mitad porque los pozos se han secado o algunos se han contaminado y los ejidatarios de Milpa Alta se oponen a abrir nuevos; por ello, los pobladores dependen de colectar agua de lluvia y de una red de docenas de pipas que semanalmente envía la alcaldía.

Para Constantino Toto, las causas de la carestía en la capital se deben al incremento en el consumo, la falta de mantenimiento de la infraestructura y en la menor captación de aguas pluviales; al respecto, graficó que, durante la pandemia, el consumo de agua creció en la ciudad un 30 por ciento, pero, a la vez, perdía el 40 por ciento, debido a fugas por el mal mantenimiento de la red.

También, el experto resaltó que en los últimos 450 años las autoridades del recurso hídrico en la Ciudad de México no han cambiado la forma de gestión del agua de la megaurbe; reflejando con ello, poca flexibilidad en la aplicación de políticas públicas ante la creciente densidad poblacional que en los últimos 50 años se disparó.

 

NO SOLO LA CAPITAL

Las consecuencias de los problemas hídricos de nuestro país también están haciendo mella en los estados del norte, con episodios complejos y de violencia, como en Nuevo León, donde los vecinos de Allende quemaron los ductos porque creyeron que se estaba desviando agua de su río hacia Monterrey.

Cabe resaltar que las 210 principales presas del País registran un nivel promedio de llenado de solo el 45 por ciento; siendo ello, un déficit del 10 por ciento respecto al promedio habitual; asimismo, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) declaró el estado de emergencia por sequía, resaltando que los estados de Sonora, Baja California, Coahuila y Chihuahua tienen más del 90 por ciento de la superficie afectada.

Además, en algunos casos, como en Hermosillo (Sonora), la presa que abastecía su territorio se reportó totalmente vacía; mientras que la de Copándaro, en Michoacán, registró un llenado de solo 0.07 por ciento; en Cerro Prieto, Nuevo León, de 0.56 y en El Peaje, San Luis Potosí, fue de un poco más del uno por ciento.

Al respecto, Delia Montero Contreras, profesora en Economía y fundadora de AgUAM, manifestó que el problema no solo es la escasez de agua, sino las regulaciones de las opciones comerciales para acceder al agua, así como la falta de cultura en el cuidado de la misma, las fugas desatendidas y las alternativas  poco accesibles de reutilización.

También incidió en que “en nuestro país ocupa el primer lugar en el mundo en consumo de agua embotellada por habitante”, agregando que, al no contarse con un marco sólido alrededor de la comercialización, “quizá el agua que sale de su grifo es de mejor calidad que la que compra”, enfatizó.

Asimismo, reveló que existen cinco regiones donde se utiliza mayor cantidad de agua de la que se puede captar y distribuir según el ciclo natural; esas zonas son el Noroeste entre Sonora y Sinaloa, Río Bravo en Monterrey, Lerma-Santiago-Pacífico en Jalisco, el Valle de México y la Región del Balsas, ubicada en el centro del país.

En concordancia, la periodista del diario El País, Viri Ríos, escribió: “Si México enfrenta un problema de falta de acceso al agua es porque las reglas del juego están mal hechas y han favorecido la falta de coordinación y presupuesto y la concentración del agua en manos de un puñado. Todo empieza con la Constitución. En ella se plantea que el Gobierno municipal debe estar a cargo del servicio de agua potable. Es decir, el nivel de gobierno que tiende a ser estructuralmente más pobre, menos profesionalizado y más débil es quien tiene a su cargo uno de los servicios más esenciales para la vida humana”.

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