Afganistán, el documental

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EFE

A raíz de que cayó Kabul en manos del Talibán (o talibanes -en versión popular-, porque “Talibán” ya es plural, talib es el singular, que significa estudiante en lengua pastún), se desató un aluvión de opiniones de analistas y periodistas que más que aclarar confunden la percepción, ya sin contar los que tienen agenda propia, están pagados o son fanáticos.

Más aún, muchos jamás han estado en Oriente Medio, ni experimentado en carne propia, lo que se vive y se piensa ahí. De esta forma, hay análisis que afirman que Estados Unidos fue derrotado, que perdió en Afganistán, y salió huyendo con la cola entre las patas.

Y otros más, hasta celebran que los talibanes hayan ganado, con tal de haber derrotado a los invasores estadounidenses. Es tanto su odio al imperialismo que los deja ciegos para ver más allá de las noticias públicas y declaraciones en la televisión.

Lo que se debería analizar son los hechos, no lo que nos informan de los hechos, así como el flujo de capitales, sin perder de vista el marco histórico y su dialéctica. Es por ello que comenzamos a hacer el documental sobre Afganistán, basado solo en esos hechos -dicho sea de paso, ya lo puede ver en el canal de YouTube de Detrás de la Razón- con un equipo que ha estado en esa zona y con periodistas como Shadi Narváez que sabe perfectamente la lengua irania Farsi, persa, para adentrarnos más en la investigación y el registro de los datos.

El caos que vemos hoy en Afganistán, no puede depositarse solo en la responsabilidad de Washington ni debe reducirse a la explicación que todo es el resultado de su derrota. ¿Qué es entonces lo que pasó y lo que pasa…?

Primero, no hay un vencedor ni un vencido. No lo hay porque para empezar, la “historia Talibán” es creada. Fueron los EE. UU. y Pakistán sus creadores.

Segundo, no podemos hablar del fracaso estadounidense sin definir “fracaso”; si bien, si nosotros a simple vista vemos un EE. UU. que se retira, sería evidente decir que fracasó… pero, hay que tener en cuenta dos cosas de suma importancia:

A) El informe de muchos soldados y generales yanquis que en la invasión a Afganistán exclamaron y preguntaron: “No sabemos a quién dispararle…” “¿Qué estamos haciendo aquí?” “¿Quién es el bueno y quién el malo…?” “¿Contra quién luchamos?.” ¿Qué estamos tratando de hacer aquí?», dijo Douglas Lute, un general tres estrellas en un reporte secreto que fue desclasificado y publicado hace dos años en el New York Times. Los políticos de EE. UU. estaban engañando al pueblo y al mundo.

Lo que sucedía en el terreno era otra cosa y no precisamente querían la victoria, sus mismos soldados ni siquiera sabían qué hacer.

B) Hace unos años Julian Assange reveló con sus cables secretos que EE. UU. perseguía un conflicto eterno en Afganistán y que jamás perseguían la victoria como nosotros la veríamos. Sentado esto, hay que ver la historia de ganancias.

Si bien EE. UU. gastó 2 billones de dólares y vidas estadounidenses, el control geoestratégico a base del caos, las corrientes del opio (Afganistán como el exportador ilegal número uno en el mundo), el incremento de la producción y venta de armas, los contratos de construcción y reconstrucción, y la venta de seguridad privada de miles de contratistas y mercenarios, entre muchas otras cosas, que suman y que valen oro. ¿Ganó o perdió EE. UU.? Ahí está la cuestión.

También debemos de deconstruir la narrativa de buenos y malos, de invasores y víctimas, cuando en Afganistán se ha dado una historia de hipocresía y traiciones una y otra vez, donde cada protagonista ha aplastado su propia dignidad e ideología, para ser incoherente y solo así, participar del botín.

Solo así se puede entender que aunque los tiempos son otros, EE. UU. apoye al Talibán, luego lo quiera exterminar, luego lo vuelva a apoyar, China lo quiera apoyar, antes lo quería destruir, Irán ahora feliz por hacer tratos con ellos, cuando antes eran acérrimos enemigos, y ya ni se diga Moscú, que terminó siendo sacado a patadas -cuando tenía quizá el ejército más poderoso del mundo, con la URSS-, por campesinos, creyentes, pastores, armados por EE. UU. y en parte ya talibanes.

Y unos talibanes que han aceptado ayuda de sus propios enemigos. ¿Quién ganó…? Lo único seguro en esta historia es el perdedor que poco le ha importado a las potencias mundiales y regionales, y a las cúpulas de poder: el pobre pueblo afgano que ni pinta en las decisiones ni decide, solo ve cómo es saqueada la riqueza de su suelo y sus propias vidas, ya sea el afgano retrógrado que reprime y castiga a sus mujeres, o la afgana que quiere libertad, trabajar y cantar.

Ellos no importan. Su dolor, sus sueños, su ambición incluso su fanatismo, han sido usados por todas las potencias para convencerles e hipnotizarles.

¿No se parece a la historia de América Latina…? No se pierda el documental.

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