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Abogados en pleno desprestigio

De siempre la profesión de licenciado en Derecho ha sido visto con recelo, se les considera abusivos, injustos y deshonestos.

Lamentablemente, tan triste fama concuerda con una amarga realidad, donde no se ha logrado prestigiar como es debido la función del abogado, mismo que debe responder a los más altos y preclaros valores de una sociedad.

Desde épocas primitivas el ser humano se impuso reglas para evitar abusos y todo aquello que fuera arbitrario o producto de la fuerza y del ejercicio de la violencia. Para equilibrar el tema apareció la famosa Ley del Talión, a la que varios, sin conocerla, la critican y consideran negativa, cuando es exactamente lo contrario. Gracias a esa ley se evitaron abusos y excesos, nótese lo que dice: “ojo por ojo y diente por diente”, esto significa que, ante un hecho delictivo la sanción que se imponga no deberá ser superior al daño causado; sin duda a través de las grandes civilizaciones como Mesopotamia, China, La India, Egipto, etc., el derecho aparece con todo su esplendor para dar garantía a los individuos y de esa forma se crearon códigos importantes, como el de Hammurabi o el Código de las XII Tablas, entre otros.

Con el tiempo llegó el derecho tanto en las civilizaciones griegas, como en la romana, particularmente en esta última el ámbito jurídico alcanzó magnificencia, al extremo que es imposible en Europa y otros países, incluyendo los latinoamericanos, desconocer la influencia hasta la fecha del importante Derecho Romano. Bien sabemos que, en el mundo precortesiano, las normas jurídicas fueron la base de sustentación para los pueblos inca, maya y azteca.

Al paso de los años la función jurídica se fue devaluando por malos exponentes y de manera vergonzosa los jueces empezaron a ganar mala fama, tal es el caso de nuestros días, en que no hay aceptación social de que un juez se comporte con imparcialidad; entendemos y aceptamos que hay jueces honestos, pero son tan pocos que se reclama una lupa para encontrarlos; los jueces son en el ámbito jurídico la peor expresión, su desprestigio es evidente y la hostilidad la constante.

Es por tanto necesario reevaluar la función del juez, evitando que sean personas corruptas. El tema no solo incluye a jueces, en general la actividad del abogado es vista con recelo, desprecio y desconfianza. Ninguna otra produce tantas burlas y ofensas, empezando por la forma de referencia al estudioso de las leyes, a quien se le llama “chicanero”, coyote, gánster, abogadete, etc.; también las burlas que se dicen por la actividad son frecuentes, tales como “¿en qué se parece un plátano a un abogado? En que siempre son chuecos…”; “¿Por qué una hiena no se come a un abogado?, porque perro no come perro…”; otra es formular cuentos o adivinanzas a costilla de los abogados, por ejemplo, “¿por qué en los laboratorios ya no se usan ratas, sino abogados? la respuesta es, porque es más fácil encariñarse con una rata que con un abogado, y como estas, encontramos infinidad de ofensas.

Vivimos una época en que la abogacía reclama un cambio y eso es por lo que se debe luchar, ya que también, entre los estudiantes se dice, cuando alguien no tiene capacidad intelectual, es factible pueda estudiar Derecho, dándole evidente desprecio a la profesión de Ulpiano.

Al lograr prestigiar al derecho, en esa misma medida la sociedad tendrá las mejores herramientas para defenderse y crear un ambiente grato dentro de la colectividad.

Otro aspecto lamentable es el que se refiere a las leyes, las cuales abundan, pero pocas son dignas de valorarse; un pueblo debe tener leyes claras, precisas y necesarias, nunca que se conviertan en instrumentos de tortura o atentados a la libertad de expresión y a otros esenciales fundamentos, los cuales impiden la grata convivencia. Bien se dice que, ante menos leyes, mayor es la felicidad de un pueblo.

Hace falta una revisión seria y profunda de las esenciales reglas jurídicas, así como de nuestro cuerpo legislativo, dándole relevancia a lo que implique garantizar la supervivencia de los valores, donde el individuo pueda sentirse afortunado por las reglas que le protegen.

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