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A propósito del caso del plagio de tesis… La mentira como una manera de comunicar

El engaño y la simulación son recurrentes en materia política, anotó una escritora alemana, y viene a colación por el affaire del asunto de la ministra Yasmín Esquivel, a quien la UNAM investiga por presuntamente copiar su tesis de licenciatura. ¿Quién miente? ¿Qué autoridad quedará en entredicho?

La mentira, según la Real Academia Española (RAE), es una “expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”. El hecho de comunicar mentiras se llama mentir, y es utilizado por las personas para fingir, engañar, aparentar, persuadir o evitar situaciones.

El término mentira tiene varios usos en el lenguaje y se aplica a niveles diferentes, por ejemplo, al de la comunicación (cuando uno busca engañar con sus palabras), o al de las actuaciones (cuando uno finge algo contrario a lo que siente o a lo que es).
Y la mentira en la política, está demostrado en los hechos, es algo recurrente y pareciera que en muchos casos es requisito para los que se dedican a esta profesión.

Sobre el tema, el semanario Universidad, editado en Costa Rica, rescata un ensayo de Hannah Arendt, titulado la Mentira en la política, publicado en el libro Crisis de la República (Taurus, 1999).

La escritora alemana –nacionalizada estadounidense (1906-1975) anotó que el engaño, la deliberada falsedad y la pura mentira, utilizados como medios legítimos para el logro de fines políticos, nos han acompañado desde el comienzo de la historia conocida.
“La sinceridad nunca ha figurado entre las virtudes políticas y las mentiras han sido siempre consideradas en los tratos políticos como medios justificables. Cualquiera que reflexione sobre estas cuestiones solo puede sorprenderse al advertir cuán escasa atención se ha concedido en nuestra tradición de pensamiento filosófico y político a su significado (…).

Hannah Arendt subrayó: “Somos libres de cambiar el mundo y de comenzar algo nuevo en él. Sin la libertad mental para negar o afirmar la existencia, para decir ‘sí’ o ‘no’ –no simplemente a declaraciones o propuestas para expresar acuerdo o desacuerdo, sino a las cosas tal como son, más allá del acuerdo o del desacuerdo, a nuestros órganos de percepción y cognición– no sería posible acción alguna; y la acción es, desde luego, la verdadera materia prima de la política”.

En este sentido, la escritora citó que, por consiguiente, “cuando hablamos de la mentira, y especialmente de la mentira de los hombres que actúan, hemos de recordar que la mentira no se desliza en la política por algún accidente de la iniquidad humana. Solo por esta razón no es posible que la haga desaparecer la afrenta moral”.

La autora precisó que las verdades fácticas nunca son obligatoriamente ciertas. “El historiador sabe cuán vulnerable es el completo entramado de los hechos en los que transcurre nuestra vida diaria; ese entramado siempre corre el peligro de ser taladrado por mentiras individuales o hecho trizas por la falsedad organizada de grupos, naciones o clases, o negado y tergiversado, cuidadosamente oculto tras infinidad de mentiras o simplemente dejado caer en el olvido. Los hechos precisan de un testimonio para ser recordados y de testigos fiables que los prueben para encontrar un lugar seguro en el terreno de los asuntos humanos. De aquí se deduce que ninguna declaración táctica pueda situarse más allá de toda duda –tan segura y protegida contra los ataques–, como, por ejemplo, la afirmación de que dos y dos son cuatro.

Puntualizó que las mentiras resultan a veces mucho más plausibles, mucho más atractivas a la razón, que la realidad, dado que el que miente tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír. “Ha preparado su relato para el consumo público con el cuidado de hacerlo verosímil mientras que la realidad tiene la desconcertante costumbre de enfrentarnos con lo inesperado, con aquello para lo que no estamos preparados”.

La autora concluyó: “El mentiroso, que puede salir adelante con cualquier número de mentiras individualizadas, hallará imposible imponer la mentira como principio”.

EL PLAGIO, BAJO LA LUPA DE LA UNAM

Lo anterior, viene a colación por el tema que ha acaparado la atención en estos días: el presunto plagio de la tesis de licenciatura de la ministra Yasmín Esquivel Mossa, a quien señaló una nota periodística de copiar el mismo documento que un año antes –1986– presentó Edgar Ulises Báez Gutiérrez.

Ante la bola de nieve que generó este asunto, la UNAM emitió un comunicado en donde precisó que, al cotejar ambos trabajos de titulación, un “alto nivel de coincidencias”, por lo que iniciará un proceso de revisión.

La ministra Yasmín Esquivel –quien buscará el 2 de enero postularse para ser la primera mujer que presida la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN)– se deslindó del supuesto plagio, y a través de un comunicado, precisó que, al contrario, su tesis fue la plagiada, pues ella empezó a redactarla antes de que Edgar Ulises Báez presentara la suya.

Por los hechos, dijo la ministra, ya presentó una denuncia “ante la fiscalía correspondiente”, al tiempo de apuntar a que existe una “campaña perversa” para influir en la opinión pública.

La Máxima Casa de Estudios indicó qué, “al llevar a cabo el cotejo pormenorizado de las tesis profesionales de una alumna de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Aragón, presentada en 1987, con la de un alumno de la Facultad de Derecho, sustentada en 1986, la Dirección General de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información de esta Universidad encontró que existe un alto nivel de coincidencias entre ambos textos”.

La misma UNAM detalló que el caso será revisado por Comité de Integridad Académica y Científica de la FES Aragón, respetando el debido proceso legal y en estricto apego a los procedimientos y tiempos establecidos en la normatividad universitaria.
Mientras la Universidad Nacional Autónoma de México tratará de resolver la sospecha de plagio, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) no se había pronunciado sobre el tema.

Será un duelo de poderes, la UNAM contra la SCJN. ¿Quién doblegará a quién? ¿Saldrá la verdad a flote, o prevalecerá la mentira en perjuicio del prestigio de alguna de las dos instituciones?

Que gane y se imponga la justicia, sin mentiras, sin engaños, dando a conocer la verdad.
Ojalá y las autoridades dejen de pensar que el pueblo es obtuso y tonto…

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