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Ocupación de camas: una medida engañosa

Por María Cristina Hall

La semana pasada, el diario El País publicó una tajante crítica sobre la inefectividad de utilizar la ocupación de camas hospitalarias como parámetro para entender los niveles de COVID-19 en México. En la nota, la periodista Carmen Morán Breña se pregunta si las camas están vacías porque realmente ha bajado el índice de pacientes graves, o si simplemente hay más camas porque las personas están acudiendo al llamado a quedarse en casa de López Gatell.

Muchos doctores han criticado a las guías de salud pública que llaman a los pacientes a quedarse en casa hasta experimentar una falta de aire severa. “Hacerse el rudo no es buena estrategia” dice el doctor de urgencias Richard Levitan para el New York Times. En realidad, la atención médica, aunque sea virtual, es recomendable desde un principio, para así monitorear los niveles de oxígeno, aun en personas que parecen “haberla librado” al experimentar síntomas leves los primeros días. El nivel de saturación de oxigeno normal debería rondar entre 96 y 99, pero si se baja de 92, se tiene que acudir a un hospital. Sin algo de atención médica, algunos enfermos no alcanzarían a percibir el bajón.

Con niveles bajos de oxígeno, acudir al hospital a tiempo afectaría enormemente la probabilidad de una buena recuperación. Sin embargo, Morán reporta que las condiciones sociales de cerca de la mitad de la población, entre la cual muchos mueren en casa y prefieren no acudir al hospital, distorsionan las medidas oficiales.

Además, apunta que existen incentivos mercantiles para mantener vacía una buena proporción de camas, al ser uno de los principales medidores para determinar el color del semáforo del desconfinamiento. Para la economía del país y la popularidad de quienes gobiernan, lo más conveniente es pasar a semáforo verde lo más pronto posible.

Cabe señalar, además, que a pesar de que México es el país número 4 en contagios a nivel mundial, sólo ha administrado alrededor de 800,000 pruebas y está por debajo de Bolivia, Paraguay y Panamá en pruebas por mil habitantes: no hay manera de saber cómo vamos. El mismo gobierno ya anunció que, para conocer el número de fallecidos en México, hay que multiplicar las cifras oficiales por tres. ¿Por cuánto tendremos que multiplicar si la gente sigue muriendo en casa?

Dada la desconexión entre los consejos del gobierno, los hospitales y las personas contagiadas, esta columna ofrece dos consejos para quienes no tienen cómo ir al hospital, o se rehúsan a hacerlo. Una: acostarse boca abajo, para así abrir ciertas partes de los pulmones que pueden estar comprimidas. Dos: hacer una prueba en casa que consiste en tomar aire y contar hasta 30. Si sólo se puede contar hasta 10 (lo cual tardaría unos siete segundos), se cree que los niveles de oxígeno estarían cerca de 95. Si no se puede contar hasta siete (esto tomaría cinco segundos), es posible que los niveles de oxígeno hayan bajado de 90 y se requeriría atención hospitalaria inmediata. Evidentemente, esta prueba no es del todo certera (ni si quiera se ha probado oficialmente con pacientes de COVID), pero puede funcionar como indicador para quienes no cuenten con un oxímetro de pulso, herramienta ya considerada tan necesaria como el termómetro. 

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