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Juan López y el Covid-19

Por Reyna Luna Newcombe

McAllen, Texas.- El trabajo de Juan López no es sencillo. Recoge cadáveres; comienza a las cuatro de la mañana y concluye a medianoche de lunes a domingo.

Acopia los cuerpos de quienes fueron víctimas del Covid-19, de los hogares, clínicas y hospitales dentro del Condado Hidalgo, una región rural del sur de Texas donde a diario se infectan cientos, a veces hasta mil y muere otro tanto.

“Hace días recogíamos hasta 25 cadáveres y aunque ahora ha bajado un poco, todavía es mucho”, explica López, un mexicano nativo de la ciudad de México quien tiene un contrato con el Condado de Hidalgo y varias funerarias.

Dentro del Condado Hidalgo se ubica McAllen, una ciudad a la que la encuestadora Wallet Hub le ha concedido el nada envidiable título de la “ciudad más gorda de los Estados Unidos”, y por tercer año consecutivo.

“Muchas de las personas que estamos recogiendo por causa de esa enfermedad (Covid-19) han sido las personas obesas, hemos tenido cuerpos de 600, 700 libras, 500 libras, 200, 250, si han sido las personas obesas”, dice López.

De momento, las familias que pierden a sus seres queridos debido a este virus deben esperar su turno para ser velados; a veces se lleva hasta dos semanas. Tal vez la palabra ya no sea velación porque ahora, por cuestiones de espacio, el servicio solo dura un par de horas.

Las funerarias han visto sus ingresos aumentados hasta en un 300 por ciento por la pandemia, pero debido a lo robusto de muchos de los difuntos, han tenido que adquirir diferente línea de ataúdes, explica Aron Rivera, dueño de varias funerarias y cementerios en el Condado Hidalgo.

Explica que a diferencia de otras empresas que ofrecen el servicio, su funeraria no cobra a los deudos por tener hasta por un par de semanas el cadáver embalsamado de su ser querido, mientras llega su turno para velarlo.

Rivera explica que es mucho el sufrimiento de perder a alguien y poder saldar los costos del hospital y todo lo que implica una muerte para agregarle una cuota especial por mantener los restos mientras llega su turno de velarlo.

Los deudos de la mayoría de los difuntos se ven en la necesidad de tener que pagar otro tanto por ataúd, pues los fabricados para personas robustas cuestan el doble.

La tragedia parece no tener fin. El pequeño condado rural se aproxima a las 500 muertes en las últimas semanas y supera ya los 15 mil contaminados.

Tanto los contagios como los decesos crecen a un ritmo sin precedentes en Texas guardando las proporciones del número poblacional.

Las cajas refrigeradas de tráileres que guardan los cadáveres que López lleva son vistas en varios puntos del Condado pues han tenido que contratarse porque el espacio en las morgues ha sido desde hace mucho tiempo superado.

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