/

El dolor, maestro de vida

Por Rosario Sarmiento

Para algunos filósofos, estamos en esta vida como en una escuela de superación personal, y en ella, podemos optar por aprender la lección o dejarla pasar. Hoy siento la necesidad de agradecer a todas aquellas personas que se han cruzado por mi vida y que me han dejado grandes lecciones de vida.

En especial este día, me voy a concentrar en lecciones de vida que fueron dolorosas, para agradecer a la vida haber aprendido lo que necesitaba aprender; esto sin quitarle la responsabilidad a aquellas personas que causan dolor de manera intencional. Sé que suena un poco trágico el asunto, pero definitivamente no es así. En mi caso solamente fueron algunas personas que, de manera dolorosa, hicieron que aprendiera algo valioso para mi vida. A la distancia y con los años, veo la importancia de esas lecciones, ya que sin ellas no estaría hoy haciendo lo que más me gusta que es enseñar, aprender, escribir y valorar más a los que, sin dolor, me han hecho crecer.

Parte natural de la vida es el dolor, físicamente es una señal de alarma que produce el cuerpo para que hagamos caso a alguna parte de él, la atendamos, o no nos acerquemos más a la fuente del dolor. De igual manera, el dolor emocional, es una alerta que me dice que no estoy teniendo el cuidado de mi misma, o es la parte de mí, que me señala que tengo que vivir el duelo por pérdida de alguien o de algo.

Imagínate, sin el dolor emocional nunca aprenderíamos, seguiríamos en la misma situación siempre. Por ejemplo, para San Agustín, el mal que te provoca el dolor es para que hagas algo mejor y que llenes tu mundo de creaciones buenas, ante el mal que te aqueja. 

Para los racionalistas Spinoza y Leibniz, ese mal es en realidad un bien, solo necesitas tiempo para entender que, aquellas situaciones que pensaste nunca poder superar, al cabo del trabajo interior y el tiempo, te servirán para crecer, ser más fuerte, o ver algo que nunca te habías percatado de que existía.

Sin embargo, dolor y sufrimiento no son lo mismo, el dolor se necesita, es parte natural de la naturaleza humana; pero, cargar con el dolor, recordarlo y revivirlo constantemente es causa de sufrimiento. Y ese sufrimiento depende de ti, de qué tanto recrees una y otra vez, una situación que te causó dolor.

De entre todas, y son muchas, las enseñanzas que he tenido en este tiempo de cuarentena, una de ellas es la de trabajar en mí, esa obsesión de seguir en dolores emocionales, que ya sólo están en mi pensamiento. Mucho de esto es producto del resentimiento, que según el filósofo Max Scheler consiste en “guardar, sin superar, los malos sentimientos”. Me hace pensar en que el resentimiento es como tomarse un veneno mortal creyendo que, con esto, la otra persona o situación van a morir envenenados. 

No somos tontos, sabemos que esto no pasará, simplemente se dice fácil y no lo es, hay que soltar aquello que nos dolió ya sea por el perdón, o por la conciencia ya superada de que el pasado ya pasó. 

Termino con esta frase de Rousseau: “El alma resiste mucho mejor los dolores agudos que la tristeza prolongada”.

Deja un comentario

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.