Revolución sexual de las mujeres en México

Por Ana Sujeiri

La sexualidad es un fenómeno histórico en el cual interviene toda una serie de tabúes socialmente impuestos y aceptados, sostenidos por diversos juicios sociales y religiosos. A pesar de que la mujer mexicana había accedido al sufragio universal en 1953, la moral sexual seguía siendo vigilada. Personajes como Sor Juana Inés de la Cruz abrieron camino a las mujeres para expresar sus deseos. Nahui Olin escandalizó con sus desnudos y Frida Kahlo con su bisexualidad; sin embargo, las mujeres y feministas de finales del siglo 19 e inicios del 20, lograron un empoderamiento femenino irreversible.

La década de 1960 significó un parteaguas en términos de las luchas sociales de las mujeres, en lo que se denomina la Segunda Ola del Feminismo, que generó una pugna por la liberación sexual, la implementación de políticas públicas destinadas a posibilitar el acceso desde las instituciones de salud pública a los métodos anticonceptivos y la apropiación del cuerpo. En este contexto, a partir de la década de 1970, las consignas de “liberación femenina” ganan lugar y van marcando una nueva época en la cual las políticas demográficas mexicanas apuntan a sostener el derecho de las mujeres a decidir en materia reproductiva y a erradicar el machismo.

Si bien el feminismo no es el único factor en los cambios positivos de la moral sexual, sí determina en gran medida nuevas actitudes en decenas de miles de mujeres; así como el impacto que tuvo la legalización del aborto en Estados Unidos en la moral de la mujer mexicana. Como menciona Carlos Monsivaís, “las que abortan, al reivindicar el derecho al cuerpo propio, le confieren a su acto lo que es válido llamar «dimensión política», de resistencia al autoritarismo familiar, gubernamental o eclesiástico, de insubordinación ante destinos trazados e impuestos desde afuera” (Monsiváis, 1990). 

En 1973, la propaganda y la difusión de métodos anticonceptivos dejaron de estar prohibidos, y la planificación familiar se postuló como un derecho. Sin embargo, la posibilidad de las mujeres para acceder a los métodos anticonceptivos como resultado del avance de las políticas públicas, se vio confrontada por la presencia de posturas hegemónicas mediante las cuales se trató de restringir el acceso al placer sexual y como vías para la liberación femenina.

Dadas las condiciones sociales e históricas del contexto, la apropiación de los discursos y los métodos anticonceptivos constituyeron un primer paso para, desde el propio cuerpo, superar los impedimentos morales y los cargos de conciencia asociados a la idea religiosa de la anticoncepción como pecado.

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