CaBayo de Troya – Debemos ser otra vez niños para entenderlos

Foto EFE

En este confinamiento a que estamos sometidos gran parte de los habitantes del planeta, a raíz de la pandemia por el coronavirus, tal vez quienes más lo están sufriendo y resintiendo son los niños.

Y es que ellos –acostumbrados a ir a la escuela, socializar y jugar con sus amigos de carne y hueso– son más sensibles que nosotros los adultos, y que les corten de tajo su rutina a causa de una pandemia que para ellos es difícil de entender, los enfrenta a una situación muy fuerte y dolorosa.

Sin duda, no es nada fácil para los pequeños estar encerrados en casa, y peor todavía si no tienen los recursos tecnológicos para tomar sus clases en línea, como lo es el internet y una computadora.

También hay casos en que los padres de estos niños deben hacer home office y únicamente hay una computadora en casa. Ahí la situación se vuelve más difícil, pues o trabajan los padres para llevar dinero a casa, o estudian los niños para no atrasarse en este ciclo escolar.

Otra situación preocupante es que los niños caigan en depresión, no quieran comer, salir de su recámara, o ni siquiera realizar las actividades que antes hacían de manera cotidiana en casa.

La depresión en los pequeños no es algo que pase de largo de un día para otro, puede crecer hasta alcanzar estados psicóticos, y si no es atendida pueden pasar situaciones peores, como que el menor atente contra su propia vida.

De igual forma, el estar en casa todo el día puede ocasionar que se excedan en el uso de internet, redes sociales, videojuegos en solitario o en línea, y se trastoquen los horarios, causando que estén desesperados, estresados, sobresaltados o irritados.

Otro caso extremo, es que los menores sufran maltrato verbal o físico de su familia –llámense padres, hermanos, primos o tíos–. En esa situación, organismos como el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), están atentos para recibir denuncias de familiares o vecinos, al teléfono 3003-200 extensiones 3700 y 3702, y puedan brindar la ayuda necesaria, que es vital.

No hay duda: debemos ser otra vez niños para entenderlos y ayudarlos. 

carlos.bayo@angelmetropolitano.com.mx 

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