Caos mundial

Foto EFE

Por Roberto de la Madrid

Hay varios estudios antropológicos en universidades como Cambridge, Oxford sobre los chismes. Por qué es tan delicioso ser chismoso o enterarse de un chisme. Pamela J. Stewart (Universidad de Pittsburgh) nos dice que esto es un código evolutivo de la prehistoria, previo al humano que hoy conocemos.

El chisme servía de herramienta de información para mantener unida a la tribu, incluso para advertir peligros o mejoras a través de la reputación individual y colectiva. Información es poder. Pero qué pasa cuando no tenemos la información pero queremos el poder, pues inventamos. En la cuarentena por el Coronavirus he visto multiplicidad de grupos en WhatsApp y demás redes sociales hablando de cuánto disparate podamos imaginar.

El ser humano aprovecha cualquier oportunidad para mostrar que tiene el poder: información. Así hemos escuchado que el Coronavirus ha sido traído por los extraterrestres, es una arma de Bill Gates para reducir la población, es un ataque biológico contra China, contra EE.UU., es una señal del Fin del Mundo, es el inicio de una nueva era de felicidad o de muerte, y así nos la podemos llevar toda la tarde.

La constante es que nadie ofrece evidencia sólida. Hay otros más intelectuales que discuten sobre la guerra económica y la muerte del neoliberalismo. Lo mismo. El mundo se ha convertido en una sopa de opiniones y disfraces, sin saber a quién seguir o a quién creer.

Derechistas disfrazados de izquierda, izquierdas que esconden el lujo y la opulencia, socialistas que protegen a la élite, dictadores disfrazados de socialistas, teocracias que esconden al demonio, narcos que son espías del comunismo y el capitalismo, supremacistas disfrazados de populistas. Y entonces, nadie sabe bien a bien qué seguir, porque el poder del dinero (la falta de principios) corrompió casi todo.

¿Qué nos queda? No sé. Porque incluso hay la posibilidad de que la ciencia exacta esté manipulada para fines económicos. Quizá la alternativa es ser conscientes de que vivimos días muy delicados, quizá de cambio de paradigma (eso sólo lo sabremos 300 años después, cuando los historiadores pagan por los ricos, ojalá que no, indiquen el nombre de la época que vivimos hoy, quizá le llamarán renacimiento -esperemos-, o quizá la edad oscura -esperemos que no).

Ser conscientes de que no hay claridad ideológica ni política, sino cinismo. Recomendación: por eso cuando me preguntan ¿y tú qué sistema defiendes? ¿Marxismo, socialismo, capitalismo, etc.? Yo contesto: “Yo no defiendo naranjas… ¡Nada! Yo lo único que defiendo es que no haya muertos, que no se maten, el derecho a ser feliz de las personas, el derecho al equilibrio. Porque si los pueblos no están felices en un bienestar con equilibrio, qué importa, qué política o ideología se aplique.

El equilibrio se aplica para una relación de pareja, para una familia y para un país. Busquémoslo.

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