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It’s a girl person!: ?Cuestionamientos de un mundo binario

Por Ximena Prieto Corona

Tenía cinco años y, en el parque, me formé en la fila de los juegos. Cuando llegó mi turno, un niño tomó mi columpio. Empezó una discusión y terminé dándole un puñetazo. El niño se fue llorando. Al poco tiempo llegó mi abuela a regañarme: “Está muy feo que las niñas le anden pegando a los niños, Ximena. ¿No ves que es hombre y te puede pegar más fuerte?”.

Esa frase me trajo cuestionamientos durante meses. ¿Yo soy niña? Toda la vida me había identificado con mi papá. Mi mejor amigo era mi primo Diego. Entonces, ¿soy diferente a ellos? ¿Ser mujer me pone en riesgo? Al poco tiempo entré a una escuela de mujeres en la que permanecí hasta graduarme. Ser mujer fue lo único que conocí desde entonces. Pero, como a muchas, las implicaciones de ser mujer en un colegio católico de Jalisco no me cuadraban.

Ante esto, me surgió una pregunta recurrente para el feminismo: ¿Qué es ser mujer? Simone de Beauvoir diría que se define a partir de la otredad frente al hombre. Es decir, el hombre es el ser humano, y la mujer es lo que no es el hombre. Y esta forma de concebirnos tiene consecuencias de inferioridad, opresión y discriminación que encasillan a cada sexo bajo ciertos estándares, expectativas y destinos.

Una interpretación de esto llegó a la siguiente solución: la abolición del concepto de mujer y, por lo tanto, de hombre. ¿Qué cambiaría? Prácticamente todo. Y es porque vivimos en un mundo binario. El sexo es una de las primeras cosas que el mundo sabe de nosotros, inclusive antes de nacer: “¿es niño o niña?”.

Pero, en realidad, todo lo que rodea al mundo binario son construcciones sociales ya caducas. ¿Es indispensable definir si una persona es hombre o mujer? El gran problema del mundo binario, creo yo, es que confunde al sexo gonadal con el sexo biológico y el género. El sexo gonadal se refiere a los cromosomas XX o XY, el sexo biológico a los órganos reproductivos y el género a cómo te expresas en el mundo. Esto, combinado con lo tradicionalmente entendido como “femenino” o “masculino”, deja un criterio demasiado estricto de lo que es ser hombre y ser mujer.

Hoy en día, de todas estas diferencias, hay miles de combinaciones en el mundo; tantas que terminamos siendo solo personas. La clasificación binaria hombre o mujer va quedando en desuso. Pero seguimos siendo obligados, legalmente, a caer en alguna de estas dos posibilidades. ¿Para qué? Algunos países, como Alemania, ya introdujeron un sexo neutral.

La única preocupación ante esta postura es perder visibilidad sobre la vulnerabilidad que sufren las mujeres. Sin embargo, me parece que esta identificación binaria será solo un medio y no un fin. En el futuro, podremos crear un mundo en el que, jurídicamente, sea más efectivo que la identificación de la vulnerabilidad tenga criterios circunstanciales, no esenciales -como el sexo-.

Socialmente, las identidades quedarán para quienes sean relevantes. Y para quienes no lo sean, se irán. Y estoy convencida de que será un mundo muchísimo más libre.

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