El juego de las probabilidades

Por Michel Rosengaus

Sin lugar a dudas el COVID-19 es parte esencial de nuestras vidas en estos momentos. Debido a que es un virus nuevo del que apenas empezamos a conocer su comportamiento (letalidad, transmisibilidad, tiempo de supervivencia en diversas superficies y medios, etc.) la posibilidad de simular dicho comportamiento con alta certidumbre es aún muy limitada. Es decir, estamos ante la necesidad de tomar decisiones y acciones sin conocer con precisión si estas decisiones y acciones serán óptimas o inclusive si, a posteriori, serán consideradas como necesarias.

Por supuesto, de errar, será mejor errar conservadoramente, es decir tomar más o más estrictas medidas que lo que, a posteriori, resulte que hubiesen sido las más adecuadas. En este sentido estamos ante un juego de azar, uno en el que no conocemos en forma determinística las consecuencias de nuestras decisiones y acciones, pero en el que podemos guiarnos genéricamente con las probabilidades. Nuestro conocimiento actual del comportamiento del virus no permite ni siquiera conocer cuantitativamente con precisión estas probabilidades.

Por ejemplo, si adquirimos la enfermedad, cuál es su letalidad (porcentaje de infectados que terminan perdiendo la vida). Al parecer, estaría en un rango que podría ser tan bajo como el 1% y tan alto como el 3.4%. Estos números se oyen bajos, pero en términos prácticos no lo son. Por ejemplo, si al cruzar la calle tuviéramos un 3.4% de probabilidad de ser atropellados y perder la vida (o sea que 34 personas de cada 1000 que cruzaran perderían la vida), ¿cruzaríamos la calle? Otro ejemplo de parámetros inciertos es el de supervivencia del virus fuera de un organismo anfitrión, que actualmente se estiman como dos a tres días sobre superficies de materiales como plástico o acero inoxidable y solo de unas tres horas sobre un aerosol (partículas líquidas o sólidas suspendidas en el aire).

Nuestro comportamiento ante esta crisis debe basarse en las probabilidades relativas del riesgo que diferentes comportamientos tengan ante la posibilidad de contagiarnos. ¿Dónde existe mayor probabilidad de encontrarnos suficientemente cerca de una persona que, aún sin saberlo, es vector en un partido de fútbol, en un estadio o en una cena familiar? Claramente en un estadio de futbol tenemos mayores probabilidades. Ojo, que esto no garantiza que al solo asistir a cenas familiares no podremos contagiarnos, ya que uno de los asistentes podría ya tener la enfermedad y ser contagioso. Pero ciertamente asistiendo a un partido de futbol tendremos mayores probabilidades de encontrarnos con dicha persona.

Otro ejemplo es ¿Qué tan probable es que uno de los tubos de los que nos sujetamos en el metro haya sido tocado por una persona con la enfermedad en los últimos dos o tres días? Pues dado el número de usuarios del metro es muy probable. ¿Cómo guiaría nuestro comportamiento esta alta probabilidad? Pues como autoridad del metro asegurándonos de que los tubos de sujeción del metro son desinfectados tan frecuentemente como sea posible. Y como usuario del metro, indicaría que inmediatamente después de viajar en él, y antes de que inconscientemente nos llevemos nuestras manos a la cara (boca, nariz y ojos), nos hayamos desinfectado ya sea con agua y jabón (antibacterial) o con gel desinfectante. Estas acciones no garantizan que no adquiriremos la enfermedad en lo individual, pero si reducirá la velocidad a la que el virus se propaga en la sociedad y lo hará más manejable para todos.

Si tienes edad avanzada y/o sufres de alguna enfermedad crónica, tu principal responsabilidad es no contagiarte, pues la letalidad del virus parece ser mucho mayor en estos casos. Pero aún si eres joven y te encuentras sano, tienes una gran responsabilidad social. Aunque la probabilidad de que la enfermedad sea letal para ti sea muy baja, debes comportarte de una forma tal que minimices la probabilidad de transmisión al resto de la población, para parte de la cual podría ser letal. No pienses en desconocidos anónimos, puede ser alguno de tus padres o abuelos.

Este comportamiento responsable de jóvenes requiere de mayor consciencia social que en el caso de los viejos, pues aún cuando tengas la enfermedad para ti podría pasar como imperceptible o tener efectos no más dramáticos que un resfriado común. Por supuesto que si la adquieres, aíslate durante las dos semanas recomendadas, aunque te parezca difícil. Tiempo ideal para usar medios electrónicos que no transmiten este tipo de virus (físico), como teléfono,  redes sociales, televisión por Internet, teleconferencia, etc.

Y pensaste, cuando estudiaste probabilidad y estadística, que no te serviría para nada, ¿verdad? Deseo que durante los próximos meses (digamos el resto de 2020) tengas un pensamiento probabilístico.

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