Somos una obra de arte

Por Rosario Sarmiento

¿Qué pensarías si te dijera que eres una obra de arte? Y que esa obra la creas, tú mismo, todos los días y que, al mismo tiempo, puedes ser el crítico y el espectador de ella. Ahora, siguiendo esta misma línea, te pregunto: ¿si tu vida fuera una película o una obra de teatro, a qué género pertenecería? Para profundizar más en este tema, el día de hoy nos toca hablar de Nietzsche, pensador del siglo XIX, cuya influencia fue decisiva para la filosofía del siglo pasado y actual.

Nietzsche piensa que el ser humano es una tragedia, una obra de arte, así como la pensaron en su momento los antiguos escritores griegos. Pero veamos, la palabra tragedia suena muy fuerte para aplicarla a nuestras vidas. Por ello, mejor tomemos en cuenta la definición que establece que una tragedia es la caída de lo sublime. En ella siempre hay un héroe grandioso que lucha por un ideal, para después caer desde lo más alto. Dicho de otro modo, este personaje, así como se ilusiona con las expectativas, suele caer hasta el abismo. ¿Recuerdan a Edipo, el personaje de Sófocles? Siendo rey de Tebas fue el más sabio y el peor de los hombres. Mató a su padre y se casó con su madre. Es el rey que hace lo que debe, pero que también, por su causa, la ciudad en la que gobierna sufre de una gran epidemia.

Te voy a decir cómo entiendo el concepto de tragedia. Yo, Rosario, soy la protagonista de mi vida, cada día tengo grandes ilusiones y expectativas acerca de mí y también de otras personas. Sueño despierta que todo saldrá de maravilla y que se hará el día conforme a mis ilusiones; pero, a veces, todavía no comienza el día y empieza la tragedia nietzscheana: no sucede la vida como la pensé, ni tampoco como yo quiero. He aquí la explicación de Nietzsche: dos espíritus habitan en el hombre, Apolo, que representa a la razón, y la armonía, y Dionisio, que figura a la pasión, la embriaguez y la vida. Apolo quiere entender, se realiza en mí como un individuo que piensa, sin embargo, el espíritu dionisíaco quiere vivir, gozar la vida, vivirla sin tratar de entenderla. Esos espíritus provocan arte, por ello somos una tragedia viva, por ejemplo, cuando mi mente dice sí, la vida dice no, mi pasión quiere, desea y, sin embargo, Apolo me habla de deber, de armonía

Somos caos, pero también armonía, soy yo misma y al mismo tiempo soy como cualquiera. Dicho de otra manera, quien quiera quitar a la pasión, mataría al pensamiento. Los dos se requieren, sin embargo, luchan, pelean y se saben a sí mismos fuertes para la batalla que, día a día, tú que me lees, en estos momentos, tienes que vivir.

¿Y qué podemos hacer? Según Nietzsche, lo único que está en nuestro poder es contemplar la belleza de eso que somos. Mi vida no es verdadera, ni buena, ni correcta, simplemente es bella como la gran obra de arte que soy.

¿A quién tienes más claro hoy, a la razón y el deber o a la intensidad de la vida? Te lo dejo de tarea.

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