¿Cómo está reaccionando la sociedad mexicana ante el Coronavirus?

Por Marina Colón Salazar

Actualmente, resulta casi imposible creer que los habitantes de nuestro país no estén enterados acerca de la pandemia que hoy nos aqueja, la cual fue detectada el 20 de enero en una mujer de 35 años residente de Wuhan, China, quien presentó los primeros síntomas y que posteriormente tal situación se viralizó, convirtiéndose en la primera nota informativa de prácticamente todos los países del mundo. 

En el momento que surge la nota, cuyos acontecimientos nacen en un país aparentemente lejano al nuestro, la percepción que manifiestan los mexicanos parece ser de poca importancia, no obstante, ante la situación imperante que se manifestó tan rápidamente hizo que se difundiera una alerta mundial ante la propagación de este virus, al mismo tiempo se empezó difundir una serie de recomendaciones sociales y médicas que los países –incluyendo el nuestro– que habríamos de realizar. 

El anuncio que realizó el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, en rueda de prensa sobre el Covid-19 el día 11 de marzo de 2020, alertó a los países que como el nuestro, aun no estaban tomando las medidas emergentes del momento. “… Desde la OMS hemos llevado a cabo una evaluación permanente de este brote y estamos profundamente preocupados tanto por los alarmantes niveles de propagación y gravedad, como por los alarmantes niveles de inanición…”, decía una parte del anuncio. 

La situación crecía y muchos nos preguntábamos porque las autoridades aún no adoptaban medidas drásticas para contener la pandemia del coronavirus, como lo estaban haciendo en otros países. México, en ese momento atendía la emergencia médica, solo a través de una revisión aleatoria de pasajeros en vuelos y cruceros internacionales, pero no se emitían restricciones para que se ingresara a puertos y aeropuertos. 

No obstante, había aumento de posibles contagios, el mandatario mexicano ya no podía permanecer escéptico, ya no era cuestión politiquera, y por fin en el discurso de la mañanera, fue el subsecretario de Salud –Hugo López-Gatell– quien informó el comportamiento del virus que en ese momento tenía el primer caso confirmado, lo presentó un hombre de 35 años que venía de Italia y arribó a la Ciudad de México. 

Fue hasta el 15 de marzo, que se emite una conferencia con mayor certeza, y se informa a la ciudadanía las acciones hasta ese momento determinadas. Se informó que todas las escuelas tanto de gobierno como privadas, cancelarían sus actividades educativas a partir del 20 de marzo y hasta el 19 de abril, no sin antes implementar los protocolos; otra de las recomendaciones sería la de evitar los saludos con besos o abrazos, tocarse la cara, al estornudar cubrirse la boca con el codo y aplicar filtros en materia escolar y sanitaria, así como el uso de gel antibacterial. 

Sin embargo, nunca se planeó la suspensión del Transporte Colectivo Metro, ni tampoco la cancelación del festival Vive Latino. Qué pasaría o qué pudiera ocurrir cuando un país como el nuestros no toma las medidas elementales o drásticas, según el caso, cuando delibera o cree que a través de la fe saldremos adelante, cuando antepone las jugosas ganancias que le genera el no clausurar eventos masivos, cerrar fronteras, bajar las tasas de intereses a cero o anunciar clara y oportunamente una lista de recomendaciones para sus habitantes, la respuesta es simple: la contención de la epidemia se hace prácticamente imposible. 

En el transcurro de la situación que impera ya desde hace cuatro meses, se han escuchado, comentarios como “la pandemia del coronavirus es una mentira”, “solo quieren alarmarnos”, hay quien menciona, que todo es un invento de los adversarios del gobierno”, pero no solo lo han dicho, también han dado muestras de la poca importancia que le dan a la pandemia, acudiendo a eventos masivos, saliendo a vacacionar a las playas mexicanas, etcétera. Perdón que refiera esto, pero la incredulidad o la torpeza que se manifiesta en nuestra sociedad, sin preparación y sin conocimientos certeros, genera graves contradicciones en muchos mexicanos, lo que también provoca que se inhabilite la posibilidad de evitar contagios, si a ello le anexamos que tampoco este gobierno ha implementado programas emergentes o medidas inmediatas para sobrevivir a esta pandemia, hablando en términos económicos, el panorama se torna aún más difícil. 

Citemos dos ejemplos: siempre han existido personas que venden fuera de los planteles escolares, al cerrarse estos, también se cierra la posibilidad de contar con el recurso económico que obtienen en el día a día, o la mesera que genera recursos económicos a través de las propinas que le dan los comensales, pero que ante la poca asistencia de los clientes, ambas personas deben buscar necesariamente otras alternativa económicas, así que el mes o la cuarentena que se ha puesto como medida preventiva, no podrá ser posible dada su situación. 

Estos dos ejemplos forman parte de un gran número de personas que trabajan en el sector informal. Imaginemos entonces qué pasará con esa enorme población, tema que hasta hoy no se menciona ni tampoco hay muestras de soluciones.

 

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