Cientificismo, disonancia y distorsión

Por Andrés Moya

No es la primera vez que trato de encontrar puntos de encuentro entre la ciencia y el arte. El más relevante -no albergo la menor duda- es el proceso de generación de conocimiento o de descubrimiento; proceso siempre inacabado. No se trata solo de que el mundo por explorar sea infinito, sino que aquello que ya fue explorado y explicado, ahora resulta que se interpreta a la luz de una nueva teoría.

Algunos asuntos tradicionalmente ajenos a la explicación por parte de la ciencia pasan a ser explicados por ella, generando una “disonancia” con respecto a cómo era o se veía antes. Pero también, ya dentro de la propia ciencia, pasamos de una teoría a otra –disonancia de nuevo-, y aquello que era interpretado de una forma, ahora pasa a ser interpretado de otra o esta, de alguna manera, engulle y amplía la anterior. La disonancia es un buen término para caracterizar la dinámica de la ciencia, aunque conviene no olvidar que esa dinámica se enmarca siempre dentro de un camino abierto.

El arte también admite en su propia historia este proceso de disonancias consecutivas; y frente a determinadas corrientes pasadas, sobrevienen nuevas que reinterpretan el objeto artístico. Y ese proceso no parece que pueda -ni deba- tener fin. Bajo la óptica de las disonancias y los caminos abiertos, ciencia y arte tienen un punto de encuentro, pueden entenderse e incluso ayudarse.

Pensemos ahora, querido lector, a qué nos enfrentamos si tanto en la ciencia como en el arte se nos presentan caminos cerrados o que ya no se pueden transitar. ¿Qué o quiénes son aquellos que determinan que los caminos ya no pueden ser transitados? No es necesario que pensemos en imposiciones externas a la propia ciencia o al propio arte. Pueden existir agentes internos que lo fomenten. Uno de ellos, a mi juicio, es pensar que la única forma de acceder al conocimiento de la realidad sea el de la ciencia. La ciencia tiene dentro de ella a su peor enemigo: el cientificismo, ideología propia de la ciencia.

No va a ser posible, bajo el paraguas de tal ideología, el que podamos comunicarnos con los artistas o el que tengamos foros de discusión donde compartir nuestros hallazgos. Si adoptamos una posición abierta sobre cómo afrontar el estudio de la realidad, es posible que aceptemos que existe mucho trecho por recorrer hasta poder dar con explicaciones del mundo que están todavía muy lejos y, que otros exploran con otro tipo de herramientas.

Puede ser una buena metáfora, por ejemplo, considerarnos como una máquina. Pero: ¿somos una máquina? No podemos afirmarlo; no disponemos ahora mismo de una demostración tal. Puede ser una metáfora tan poderosa como peligrosa. Podemos rastrear hasta bien lejos en la historia de la ciencia esta metáfora de los seres vivos como máquinas. Pero no debemos confundirnos, porque el trecho entre la metáfora y la realidad sigue siendo amplio, y si no lo apreciamos así, nos encontramos ante una distorsión.

Los artistas también interpretan o recrean la realidad y podemos tener puntos de encuentro si nosotros admitimos que también trabajamos con metáforas. Para el artista es una obviedad en su proceso creativo, moverse dentro de las metáforas. Y; desde luego, si cualquier corriente oficial de pensamiento se le impone a su proceso creativo, el artista no se va a sentir como tal; en realidad trabajará contra ello para seguir considerándose como tal.

Por vías diferentes, como se podrá apreciar, las distorsiones que operan en el camino de la ciencia y el arte pueden conducir a presuponer ideologías que deberían estar al margen de los mismos, porque esas distorsiones no van a permitir el adecuado dinamismo y la apertura que los caracteriza. El cientificismo es la ideología de la ciencia que considera que solo la ciencia tiene las verdaderas respuestas a la explicación de las cosas, proponiendo muchas veces a la sociedad meras ideas, suposiciones o interpretaciones que no están afianzadas por la ciencia misma.

Pero no es tan simple como pueda parecer que el científico se aleje del cientificismo, ideología que barre y borra. Barre, retirando como si fueran escombros las otras formas de pensamiento por las que interpretamos, explicamos o vivimos en el mundo. Y borra, o trata de borrar, esos escombros hasta hacerlos desaparecer porque no considera que hagan aportación alguna al conocimiento verdadero de las cosas. El cientificismo propicia el pensamiento único.

Puede gustarte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Noticias Populares