Carpe Diem

Por Raquel Bialik

Término que se sabe lo acuñó el poeta romano Horacio (65-8 AC), en latín, y cuya traducción se toma el día : “carpe diem quam minimum credula postero”, que significa, aprovecha el día, no confíes en el mañana, y que es el consejo que el poeta le da a su mitológica amada Leuconoe – hija de Neptuno – en el primer libro de sus Odas. O sea que más que un consejo, es una invitación a disfrutar el momento, a vivir el hoy, el presente, que es lo único y concreto de lo que se dispone, y no enfocarse en el incierto futuro que es lo que normalmente hacemos. Y, qué sabio consejo, válido para cualquiera y en cualquier época.

Si somos conscientes de la finitud de la existencia, Carpe Diem debiera convertirse en un verdadero mandamiento; una filosofía y estilo de vida que nos dirigiera y marcara en nuestro pensamiento y comportamiento.

Tantas obras lo señalan como el camino a seguir. Walt Whitman, el gran poeta estadounidense, nombra así uno de sus extraordinarios poemas y nos invita a aprovechar el día, aunque el viento sople en contra y valorar la belleza de las cosas simples…

Se han popularizado tanto estas dos palabras del latín, que tantos jóvenes se las han tatuado, y son, también, el trasfondo de obras musicales como el Carmina Burana de Carl Orff o del cine, como la película dirigida por Peter Weir “La sociedad de los poetas muertos”.

En todos los casos, es un concepto que nos recuerda la fugacidad de la existencia – la propia y de todo lo que nos rodea – y por ello, la corriente filosófica del existencialismo, también se la apropia y la desarrolla.

¿Qué nos toca hacer a cada uno de nosotros con estas dos palabras, carpe diem?

En primer lugar, valorar realmente nuestro tiempo, que también es finito. Organizarlo, planear y ejecutar de manera que el presente nos rinda; que seamos capaces de disfrutarlo y que seamos quienes marquemos el destino al que quisiéramos dirigirnos, a sabiendas que habrá obstáculos, que tendremos que buscar y encontrar vías alternas para hacer que la vivencia de nuestro presente sea lo más plena y atractiva posible. No desaprovechar cada día, cada instante que tenemos el privilegio de vivirlo y hacerlo nuestro.

Convirtiéndonos en ese “poeta vivo” y vincular nuestra existencia a esa poesía que flota cada día en el ambiente.

*Raquel Bialik, Antropóloga Social, estudió en la Universidad de California (Berkeley) egresada de la ENAH, El Colegio de México, Directora de Agorabi, Lugar de Encuentro (Tepoztlán, Morelos). Consultora de instituciones públicas y privadas, autora de capítulos y libros nacionales e internacionales especializada en Antropología Médica, Tercera Edad y Asistencia Social. Colaboradora de la Revista Ser Mayor. e-mail:  agorabi16@gmail.com

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