El valor de los migrantes

Por Roberto de la Madrid

La migración masiva, llena de sueños, y la agresión racista contra los migrantes, antípodas per sé que vemos hoy hacia, en y por Estados Unidos, no existen como fenómeno real ni auténtico, más bien son herramientas para conseguir otra cosa diferente. Esta fue la hipótesis del capítulo de Detrás de la Razón*, que es menester no perder de vista, para no caer en la trampa sentimental que utilizan los creadores del fenómeno citado.

La migración masiva y la agresión racista son la fachada de dos poderes que están en guerra, y que tristemente utilizan a los migrantes como carne de cañón. Francisco Fernández Cruz-Sequera, prestigiado escritor y abogado de España, y Jorge Luis Santacruz, periodista de México, denuncian algo repugnante. Pero primero lo pongo en contexto.

El New York Times descubrió una operación secreta en la que Donald Trump ordenó que las fuerzas especiales BORTAC (capacitadas para enfrentar a los más peligrosos terroristas y criminales) abandonen su trabajo en la frontera y vayan a las ciudades Santuario a cazar migrantes que no tengan papeles; acto violatorio de derechos humanos porque en las ciudades Santuario como Los Ángeles, las autoridades conforme a derecho, no quieren capturar migrantes porque los consideran benéficos para la economía y para la seguridad, muchos cooperan con denuncias criminales con la confianza de que no serán detenidos por ser “ilegales”; además, es totalmente discriminatorio enviar a cazadores de terroristas contra quienes no lo son.

Qué inhumano y racista es Trump, diría uno a primera vista, pero lo repugnante que denuncian Cruz-Sequera y Santa Cruz, es que Trump ni siquiera lo hace por eso, sino porque quiere ganarle a su contrincante George Soros, quien le envía olas de migración desde Centroamérica, un Soros que tampoco lo hace por ayudar a la gente a que tenga mejor vida, sino para imponer su modelo económico en EE.UU. y en el mundo entero de un pueblo, gobierno y moneda universal, y así tener el control del poder, aplastando al grupo supremacista nacionalista que representa Trump, el cual presume de defender las fronteras por un ideal patriota, el cual también es falso porque lo que buscan es también defender el poder global a partir de una moneda sustentada en la producción propia.

Repugnante es entonces, perseguir todo esto a costa de la vida, ilusión y bienestar de los migrantes. Repugnantes, tanto quienes les avientan a los perros policías como los activistas vendidos que dicen defenderlos. Los migrantes de ambos bandos son lo de menos. Por cierto: “Un ser humano en el mercado de esclavos de Libia cuesta 400 euros”, apunta Fernández.

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