¿Estamos preparados para la temporada de incendios forestales?

Por Michel Rosengaus

No conozco a nadie a quien no le gusten los bosques; además de bonitos, proveen numerosos servicios ambientales a los seres humanos. Por un lado, una saludable cobertura vegetal sobre el suelo, captura mucha de la lluvia que sobre la superficie precipita y con ello minimiza los caudales extraordinarios que se presentan durante las inundaciones, principal generador de desastres en México.

Por otro lado, el bosque retiene el suelo entre sus raíces protegiéndolo de erosionarse y así  protege nuestros ríos, lagos y presas de sedimentarse aceleradamente, que de ocurrir empeoraría el riesgo de inundaciones. Más aún, el bosque mantiene una saludable tasa de evapotranspiración de agua desde el suelo hacia la atmósfera modulando nuestro clima.

Una de las principales causas de deforestación es la de los incendios forestales y, ya pronto iniciaremos con lo que se considera su temporada. Desde principios de marzo y hasta que inicien las lluvias de verano típicas de la mayor parte de México; desde finales de mayo en el extremo sureste y hasta principios de julio en el extremo noroeste. Vale la pena preguntarnos si estamos bien preparados para esta temporada de incendios forestales 2020.

La mayor parte de los incendios forestales en México son atropogénicos (causados por actividades del hombre), destacando primordialmente las quemas agrícolas descontroladas, que siguen siendo aceptadas en México como el mecanismo estándar para liberar a los terrenos de los restos de las cosechas anteriores. El organismo a cargo de prevenir y controlar los incendios forestales es la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), usualmente auxiliada cerca de zonas urbanas por Protección Civil y en zonas rurales agrícolas por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER).

Debido a que es imposible pronosticar con suficiente antelación el sitio preciso en donde se presentarán los incendios forestales, resulta difícil contar con recursos materiales y humanos suficientes para controlarlos; por lo que, al presentarse indicios de  de este tipo, se recurre a contratar recursos humanos y materiales temporales (a través del Programa de Empleo Temporal, por ejemplo).

En los últimos años, pese a que 2011 fue una temporada récord de incendios, el presupuesto de la CONAFOR ha venido descendiendo abruptamente (en millones de pesos). En 2016 pasó de $7488; 2017: $4005; 2018: $3991; 2019: $2765 y ahora en 2020: $2586. Esto no se ha manifestado todavía en un ascenso monotónico del número de incendios forestales o de hectáreas afectadas, porque los incendios forestales dependen mucho de otros factores, tales como la duración y severidad de las sequías, la fecha particular de inicio de la temporada de lluvias, la cantidad de restos de combustible (madera ya muerta) acumulados, entre otros.

Sin embargo, ya hay manifestaciones de estos severos recortes en los indicadores de desempeño, tales como el incremento en el tiempo de detección de incendios, el incremento en el tiempo de arribo de los recursos asignados al sitio; así como el incremento en la duración de los incendios.

El Programa de Empleo Temporal de la SEMARNAT (a la que pertenece CONAFOR) ya tiene un ejercicio nulo en 2019 y un presupuesto nulo en 2020 (aunque venían en descenso desde 2016); es decir, estos recursos humanos locales temporales para atacar los incendios forestales con oportunidad ya no se han podido contratar, lo que no sorprende dado el desplome de los presupuestos de CONAFOR.

Dado que muchas zonas boscosas se encuentran aisladas y lejos de vías de comunicación, este aspecto resulta especialmente relevante. Podrás imaginar que los recursos disponibles para herramientas modernas de ataque a incendios forestales (tractores, helicópteros, aviones tanque, por ejemplo) también son muy escasos.

¿Qué espera el Servicio Meteorológico Nacional para el inicio de esta temporada? Pues en general espera un febrero-marzo-abril más seco que lo normal, concentrado en la parte occidental del país y en el sureste. Las temperaturas máximas (las más relevantes para incendios forestales) aún no se encuentran en línea en su página web, pero de las temperaturas mínimas se deduce cierta coincidencia de temperaturas por arriba de lo normal en la parte occidental del país. Afortunadamente no es esta parte occidental la que ha permanecido en sequía en los últimos meses.

Bajo las circunstancias descritas, no estaría de sobra una oración al Santo de tu devoción, para que no nos mande un año de actividad severa de incendios forestales este 2020.

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