carlos bayo martínez

CaBayo de Troya – El criterio feminista

Mientras en Estados Unidos, personajes como el millonario Jeffrey Epstein –acusado de haber explotado sexualmente a decenas de niñas, a través de una secta– prefieren suicidarse antes que enfrentar sus condenas, en México sucede lo contrario. Ejemplos hay muchos. Ahí está el libro de Lydia Cacho, Los demonios del edén, donde se describen las monstruosidades de políticos como Mario Marín –el exgobernador de Puebla–, y se detalla la explotación de mujeres menores de edad a manos de una camarilla de servidores públicos y poderosos empresarios. 

¿Y qué pasó en este caso? Que la periodista y escritora que expuso este caso sufrió acoso, violencia y persecución, mientras unos cuantos de los personajes aludidos en la obra citada, apenas y fueron requeridos por la autoridad. Mario Marín está prófugo de la justicia desde abril de 2019. Y nadie puede detenerlo, pese a que estaría escondido en Puebla. Son las paradojas y las dos caras de la moneda.

Mientras tanto, México no ha dejado que el movimiento feminista se extienda, pero ahora se hace por otros medios: en las calles y a través de redes sociales. ¿Cómo reclamar lo que hacen estas mujeres que alzan la voz, si no se les hace caso? 

Los feminicidios y la violencia contra las mujeres siguen imparables. Tan solo en los últimos cuatro años y medio, 14 mil 152 mujeres fueron asesinadas en México.  Y en 2019, se contabilizaron 1 mil 6 feminicidios.

Y no solo eso, los casos de lesiones dolosas contra mujeres también han tenido cifras brutales. El Estado de México registró 16 mil 345 casos, seguido de Guanajuato, con 6 mil 666; Jalisco, con 4 mil 306; Michoacán, con 3 mil 536 casos; Baja California, con 3 mil 363; Querétaro, con 3 mil 258, y luego Puebla, Oaxaca, San Luis Potosí, Coahuila y Nuevo León, donde cada entidad superó los 2 mil casos. 

Mucho se critica el método de las feministas para protestar porque están matando a más mujeres. Pero deberíamos ser más empáticos ante lo que viven y sufren. Su enojo es mucho y es comprensible. Están cansadas de solicitar ayuda y exigir justicia.

¿Sabemos lo que sufre una madre cuya hija fue asesinada? ¿O del dolor de niños que vieron cómo su madre era violentada? ¿De lo que siente una mujer que fue violada –aun estando presa–y el culpable sigue libre? ¿En qué momento se perdió la esencia de la humanidad?

No seamos indiferentes e insensibles ante el dolor… 

carlos.bayo@angelmetropolitano.com.mx

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