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Transhumanismo ortodoxo

Por Andrés Moya

Conviene situar la cuestión del transhumanismo en mejores coordenadas que aquellas que la ubican como una corriente de pensamiento relativamente reciente, al amparo de los avances de la ciencia en el campo de la robótica, la inteligencia artificial y la biología sintética que –en buena medida, pero no solamente– se han desarrollado en Estados Unidos. Ana Berstein, profesora del Departamento de Antropología de la Universidad de Harvard, ha publicado en 2019 una obra sobre el transhumanismo en la Rusia contemporánea (The Future of Immortality: Remaking Life and Death in Contemporary Russia). Hay que traer a colación el variado e interesante ideario transhumanista en Rusia, que podemos situarlo ya en el siglo XIX con Nikolái Fiódorovich Fiódorov (1827-1903). 

Se trata de un filósofo cristiano ortodoxo, partidario de la prolongación de la vida, de la inmortalidad y de la resurrección de los muertos, pero eso sí, recurriendo a la ciencia. De ahí que se le considere un precursor del transhumanismo. No deja de ser interesante la cuestión de los precursores. ¿A quién se llama precursor? ¿A aquel que en algún momento sostuvo o demostró algo que ha pasado desapercibido durante mucho tiempo hasta su redescubrimiento o puesta de nuevo en escena por otros, muchos años después? Si esa es la idea de precursor, no es justo afirmar –porque no se corresponde con la realidad– que Fiódorov sea un precursor porque su pensamiento cuajó y ha tenido seguidores hasta hoy, aunque no en el Occidente más occidental, sino en Rusia. 

Es demasiado habitual en el actual Occidente o, por ser más precisos, en el actual Occidente anglosajón, considerar como “precursores” aquellos que dijeron o demostraron algo que parece haber sido descubierto ahora. Claro, dado que ese algo, se sostiene, es nuevo porque se acaba de descubrir –en realidad, redescubrir–, aquello que se descubrió o se formuló en el pasado no puede ser más que meros antecedentes. 

Pues bien, ese no es el caso de Fiódorov, dado que su filosofía es la base de un movimiento intelectual y social conocido como cosmismo, que llega hasta nuestros días y que se sustenta en la obra que se publicó al poco de su muerte, en 1906, con el sugerente título Filosofía de la causa común. Tras una búsqueda rápida, debo indicar que he encontrado muy pocos estudios en Occidente sobre Fiódorov, al menos publicados en español y en inglés, y que no he conseguido dar con una traducción de su obra en esos idiomas. No descarto que puedan estarlo en otros. 

Las ideas filosóficas de Fiódorov constituyen un sistema donde el Cosmos, la Tierra y el hombre guardan una profunda interrelación. Como sistema filosófico, el cosmismo ruso puede ser considerado como una corriente filosófica que trata de explicar la vida, pero también la misión que el hombre tiene para transformarla y perfeccionarla. Me viene de inmediato, querido lector, las tesis ampliamente denostadas del teólogo jesuita y científico Pierre Teilhard de Chardin (1881-1951), tanto dentro de la propia Iglesia como de la ciencia, particularmente la que procede de países anglosajones

¿Es también Teilhard de Chardin un precursor del transhumanismo? Otra referencia rusa transhumanista –aunque existen más–, ya entrados en el primer cuarto del siglo XX, es Alexander Bogdánov (1873- 1928), teórico, economista y político, entre muchas otras cosas, que acabó desarrollando y aplicándo ideas sobre el mejoramiento humano. Bogdánov no solo teorizó sobre las virtudes de las transfusiones sanguíneas como elemento de rejuvenecimiento, sino que se las aplicó repetidamente; de hecho, parece que falleció como consecuencia de la última que se hizo, la onceava. Ahora bien, también apreciaba las virtudes que tendría una transfusión de personas de mayor edad a jóvenes al transferirles las ventajas de un sistema inmunológico maduro. Sorprende el desarrollo que hizo de toda una filosofía utópica basada en las supuestas ventajas de esta comunión de sangre. 

Es interesante mencionar que no solo las tesis cosmistas desarrolladas en la Rusia del XIX, sino también la ideología del socialismo de la ya desaparecida Unión Soviética, subyacen y han servido de estímulo para el desarrollo de agrupaciones y movimientos sociales todavía vigentes, que reclaman a los gobiernos políticas igualitarias y transhumanistas. Frente al transhumanismode Silicon Valley,de pura cuña capitalista, conviene hacerse eco de estos movimientos, muy anteriores al norteamericano, con unos fundamentos ideológicos y unas aspiraciones bien distintos. Convendría tenerlo presente.

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