Raíces subterráneas: el internet de los árboles

Por Jorge Pérez Naitoh

Suzanne Simard cuenta cómo de pequeña su perro Jiggs corrió un día al bosque, detrás de su casa en su natal Canadá. Al escuchar sus alaridos, unas horas después, Suzanne y su abuelo salieron al rescate y lo encontraron atorado en un pozo. El perro, en su desesperación, había rascado la pared del hoyo de tal manera que lo que descubrió Suzanne la encaminó a convertirse en científica.

Resulta que Jiggs abrió una ventana al mundo subterráneo que existe bajo los bosques y selvas. Simard cuenta que lo que vio fue apenas la punta del iceberg de lo que jamás imaginó que existía bajo los árboles: raíces increíblemente interconectadas, incluyendo toda la paleta de colores, insectos, minerales y lo que parecía ser un micelio blanco. Hoy, unos 40 años después, Suzanne Simard es profesora de ecología forestal en la Universidad de British Columbia.

Simard venía de una familia que se había dedicado a la tala forestal desde hace generaciones y al ver el daño irreparable que la compañía de su abuelo estaba causando, decidió regresar a la escuela. Por ahí de los años 80 salió una publicación que probaba que dos semillas crecidas en laboratorio podían comunicarse por medio de moléculas orgánicas y Suzanne quiso replicar este experimento en el bosque.

Para su experimento, la ecóloga tomó isótopos de carbón 14, una molécula radioactiva, y permeó 80 muestras de tres diferentes especies de árboles. Posteriormente, tomó un contador geiger (medidor de radioactividad) y se dio cuenta que dos de las especies (muy cercanas) estaban compartiendo información y nutrientes. En otras palabras, los árboles estaban conversando entre sí. Al hacer más experimentos se dio cuenta que las moléculas no estaban viajando a través de las raíces de los árboles, sino de unos microtúbulos de color blanco pegados a las raíces.

Simbiosis

Al analizar los microtúbulos se dio cuenta que los árboles viven en estrecha codependencia con un hongo llamado “mycorrhiza”. Los árboles le proporcionan azúcar al hongo que utilizan para crecer su micelio (los microtúbulos) y los hongos le proporcionan nitrógeno y otros nutrientes al árbol. El grado de conectividad es tal que los hongos pueden mandarle señales al árbol para que “ablande” sus raíces y el hongo lo pueda invadir.

Internet de la Naturaleza

La red de interconexión en los bosques es tan extensa que a partir del estudio original de Simard, se ha comprobado la existencia de lo que ella llama “árboles madre”. Resulta que entre más viejo sea un árbol, tiene una mayor conexión a los árboles que lo rodean. Son capaces de distinguir su “familia” y se ha comprobado que tienen conexiones con cientos de otros árboles a los que les transfieren entre 30 y 60% de su energía total. Cuando los árboles sienten que algo los está amenazando como un incendio forestal o tala humana, los árboles madre mandan toda su energía a los árboles más jóvenes, ¡y lo hacen independientemente de su especie o relación “familiar”!

Estudios más recientes incluso han comparado la extensa red bajo los bosques y selvas con la estructura social y el cerebro de los humanos. Simard nos invita a empezar a pensar en los bosques y selvas como una especie de super-organismo e incluso se aventura en hablar de cierta “inteligencia” de los árboles. Por último, invita a generar consciencia de la importancia de estos ecosistemas y nuestro deber de protegerlos. Queda mucho que podemos aprender y sería una lástima no pasarlo a la siguiente generación.

Si no entendiste nada de lo que te intenté explicar, lo resumiré de la siguiente manera: ¡La comunicación entre árboles, que nos mostró James Cameron en Avatar es real! Te invito a buscar más información en simardlab.forestry.ubc.ca

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