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El amor es la droga: ¿píldoras que pueden arreglar nuestra vida romántica?

¿Qué tan posible es tomar decisiones sobre nuestros sentimientos amorosos gracias a medicamentos?

En el libro titulado El amor es la droga: el futuro químico de nuestras relaciones, sus autores Brian D. Earp y Julian Savulescu plantean una serie de preguntas provocadoras en torno a nuestra vida amorosa y su relación con la medicina. 

Así lo relata la revista especializada New Scientist. Actualmente, ya existen drogas, legales e ilegales, que pueden alterar nuestras mentes y lo que pensamos sobre el amor, o cómo nos sentimos sobre el sexo y en nuestras relaciones. 

La pregunta es: si una píldora pudiera hacernos enamorar más profundamente y transformar nuestras relaciones románticas, ¿la tomarías? O viceversa, ¿y si pudiera ayudar a que una ruptura amorosa sucediera sin grandes angustias?

“Todas estas drogas de amor existen en este momento. Otros aún no se han creado”, dicen los autores. Ya que está demostrado que los químicos pueden controlar algunos de nuestros sentimientos, la cuestión es si deberíamos hacerlo.

Earp, un científico cognitivo y Savulescu, un médico convertido en filósofo, intentan abrir este debate con su publicación. Se plantean la polémica interrogante de si, sobre el amor, nosotros podemos tomar decisiones, en vez de aceptar los sentimientos que nos tocan, como lo hemos hecho hasta ahora. 

En el libro, los autores detallan cómo medicamentos convencionales, como antidepresivos, tienen efectos secundarias que alteran la libido y que pueden afectar las relaciones.

“[Los medicamentos] Están teniendo esos efectos en nuestra neuroquímica romántica, ya sea los midamos o no. Sería una tontería no comprender los efectos de las drogas que ya estamos usando”, expresa Earp.

De hecho, consideran que debería ser un escándalo que no sepamos mucho sobre los efectos de las drogas en nuestras relaciones románticas. También exploran el potencial de drogas “anti-amor”, para suprimir emociones como celos, o apegos a personas que nos maltratan.

Hay un universo de posibilidades. Las drogas pueden incluso servir para suprimir deseos sexuales que son penados por nuestras sociedades. 

También exploran el tema de las drogas ilegales que ya están siendo investigadas y utilizadas en este momento para tratar problemas en las relaciones, como el MDMA o los hongos alucinógenos.

“Necesitamos identificar a las personas para quienes serían auténticos potenciadores del bienestar, no muletas ni reemplazos para abordar las preguntas profundas en sus vidas, sino personas para quienes realmente mejorarían sus vidas”, menciona Savulescu.

Los autores concluyen en que no saben si la sociedad está lista para este nuevo enfoque, pero consideran que el debate es urgente y necesario.

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