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¿Qué es el afecto y por qué es importante?

Por Mónica Shekaibán

El afecto es la acción a través de la cual un ser humano demuestra su amor a otro ser humano, cuando damos cariño, amor, apoyo o contención, también nos lo damos a nosotros mismos y eso llena nuestra alma de satisfacción, eso no quiere decir que no se necesite recibir estas afecciones de regreso o de los seres queridos, dar es tan importante como recibir, puede ser en forma de un beso, gesto, caricia, atención, un cuidado, etc… es una cuestión que está íntimamente ligada al universo de las emociones.

El afecto es una necesidad como la fisiológica o espiritual, en cualquier etapa y momento de la vida, sobre todo en la niñez para un sano y pronto desarrollo y en la enfermedad es necesaria para una pronta sanación o para vivirla con menos dolor.

El afecto requerirá del esfuerzo para ayudar, para intentar darle un mayor bienestar a su vida.

La importancia de una buena relación afectiva entre padres e hijos para ayudar al óptimo desarrollo del niño.

La profesora Darcia Narvaez, jefa de investigación, lleva trabajando en este tema más de una década y ha llegado a conclusiones concluyentes.

Para ella, esta relación afectiva se basa en varios pilares.

  1. Es necesario aportarle al niño un ambiente confortable y mantenerse cerca suyo constantemente, con un contacto físico afectivo regular.

  2. Hay que dar respuesta a sus necesidades, siendo importante, por ejemplo, anticiparse al llanto y comprender sus requerimientos antes de que los manifieste.

  3. El juego con amigos o con adultos también es una herramienta necesaria para su óptimo desarrollo.

  4. Un factor clave es amamantar al niño durante un amplio periodo de tiempo.

De este modo, Narvaez y sus colaboradores comprobaron que los adultos que aseguraron haber recibido este tipo de afecto durante su niñez padecen con menor frecuencia un gran número de enfermedades mentales como la ansiedad y la depresión. Asimismo, presentaban más empatía hacia los demás y sus conductas tendían a ser más compasivas. Por el contrario, los adultos que habían tenido una relación más distante tenían una menor salud mental, se sentían más incómodos al establecer relaciones sociales y eran menos transigentes con puntos de vista diferentes al suyo.

Los niños necesitan mucho más afecto que los adultos, aunque la supervivencia individual depende de la ayuda y afecto que recibimos y damos, para generar una red de relaciones afectivas que ayudan a crecer y vivir con más amor, felicidad y contención.

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