Las embotelladoras ponen en jaque el suministro de agua en el Valle de México

La Conagua ha preferido atender la demanda del líquido de las plantas embotelladoras, antes que la manifiesta por el grueso social de la Ciudad de México

Por J. Jesús Lemus

L a escasez del agua potable en la zona metropolitana del Valle de México podría pasar en los próximos años, de la situación crítica en que se encuentra a una de colapso social. 

No, no es una visión fatalista, sino más bien lógica, a causa del uso desmedido de este recurso hace la planta industrial como resultado de la mala administración que de este recurso ejercieron las administraciones federales pasadas. 

El consumo que hacen las 16 plantas embotelladoras de cervezas, refrescos, jugos y aguas embotelladas que se asientan en el Valle de México, están consumiendo, con el permiso otorgado por las dos pasadas administraciones de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), más del 8.3 por ciento del agua que a cuentagotas llega a la mayoría de los pobladores de la zona periférica de la CDMX. 

El otorgamiento de permisos solo para la planta industrial embotelladora, según los datos oficiales de la Conagua, es por un volumen anual de 178 millones de metros cúbicos de agua, el equivalente al líquido que podría caber si se pudiera llenar el estadio Azteca 178 veces. Esto contrasta frente al desabasto que se registra en forma crítica en por lo menos 362 colonias del Valle de México, incluidas por lo menos unos 75 núcleos poblacionales de la Ciudad de México.

La Conagua, bajo una visión económica y alejada de lo social, ha preferido atender la demanda de agua de la planta embotelladora antes que la manifiesta por el grueso social de la propia capital del país, donde la situación de arrebato del agua, no es distinta al resto del territorio mexicano”, explicó el defensor ambientalista Gerardo Pérez Muñoz. 

De acuerdo a este defensor hídrico, es cuestionable la actuación de la Conagua en las pasadas administraciones, “no solo por la autorización otorgada a la planta industrial para poseer el agua en forma desmedida, sino porque existe una desproporción en el pago de ese derecho”, pues mientras la planta industrial solo paga 19 pesos en promedio por cada metro cubico de agua que utiliza, pero la población que recibe a cuenta gotas un metro cúbico del líquido al mes, debe pagar en promedio entre 56 y 63 pesos por ese volumen.

Pero eso no interesó a la Conagua, pues a pesar de que en el Valle de México existe un déficit anual de más de un millón de metros cúbicos de agua, lo que lleva a la constante acumulación de falta de ese recurso; durante los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, se autorizó a la planta embotelladora la extracción de 178 millones de metros cúbicos, al sector agroindustrial se le otorgaron permisos para extraer 2 mil 358 millones de metros cúbicos, mientras que para el consumo doméstico solo se autorizaron 2 mil 132 millones de metros cúbicos de agua al año. 

Cobra vigencia lo que señala el doctor Carlos Manjarrez Domínguez, investigador del tema de la Universidad Autónoma de Chihuahua, quien considera que “a causa de la mala planeación gubernamental en el uso del agua, nuestro país no se encuentra lejos de enfrentar un colapso económico y social”, el que ya se puede observar en algunas regiones del país, entre ellas la CDMX, en donde poblaciones completas encaran una lucha directa contra las plantas industriales para conservar su derecho al uso del agua.

MALA DISTRIBUCIÓN 

La mala administración y distribución del agua en el Valle de México se observa a simple vista en las propias estadísticas de la Comisión Nacional del Agua, en donde a pesar de la escasez que en términos generales se registra, no se ha frenado el cada vez mayor uso del agua con fines industriales, que solo entre 2006 a 2019 creció en 23.7 por ciento en todo el territorio nacional, haciendo que de cada 100 litros utilizados a nivel nacional, cuatro de ellos (50 por ciento extraído del subsuelo y 50 por ciento obtenido de aguas superficiales), fueran destinados a la planta industrial.

PREFERENCIA A EMBOTELLADORAS 

Para entender la demanda de agua por parte de la planta embotelladora, es necesario establecer que solo para producir un litro de refresco carbonatado, se requiere en promedio del uso de 200 litros de agua, lo que es dos veces la cantidad mínima requerida por una persona para satisfacer sus necesidades básicas, según lo establece la Organización Mundial de la Salud. Una condición que en muchos casos –dentro del territorio nacional– no se cumple, pues hasta 2019 eran más del 7 por ciento, unos 2 millones 085 mil 208 hogares mexicanos, que no contaban con servicio de suministro de agua potable por tubería. 

EL EFECTO PEÑA NIETO 

El ejemplo claro de inequidad en el uso del agua lo marcó desde el inicio de su administración el presidente Enrique Peña Nieto. Él emitió el 5 de abril del 2013 un acuerdo para suspender la perforación de pozos en las zonas agrícolas de 21 ríos en los estados de Chihuahua, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Puebla, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo y el Valle de México, en clara afectación a los pequeños productores agrícolas. El decreto de veda se mantiene vigente, de acuerdo a lo establecido en el Artículo Cuatro que claramente expresa la esencia del ordenamiento, y que establece que en tanto “la autoridad del agua no dará trámite a solicitud alguna de concesión, asignación, permiso o registro de nuevos aprovechamientos”, pese al reclamo de uniones locales de pequeños ganaderos y productores de granos que han visto menguada su actividad productiva a causa de la falta de agua en esas regiones.

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