INSABI… o el “quiénsabi” si te cubra

Por María Cristina Hall

El 1 de enero, la administración del presidente López Obrador inauguró oficialmente el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), órgano que sustituye al Seguro Popular (SP) como la principal herramienta de cobertura médica para las personas que no cuentan con seguridad social. El Insabi, que busca dar cobertura gratuita a más de 20 millones de mexicanos, ha sido muy criticado por cómo entró en vigor: representa una apuesta poco estudiada y planeada por garantizar la salud. 

Es un claro ejemplo de dos tendencias que han marcado la presidencia de AMLO: la desconfianza en las instituciones heredadas y el desdén por la planificación. Primero, en términos de desacreditación y sustitución de instituciones heredadas, se cambió al Seguro Popular bajo la premisa de que los órganos corruptos tienen que ser desmantelados. 

Aunque seguramente sí hubo corrupción en su administración, en 2017, más de 53 millones de personas estaban afiliadas al Seguro Popular y se beneficiaron de tratamientos y citas médicas con cobertura. Según argumenta el expresidente Felipe Calderón, antes del Seguro Popular morían 7 de cada 10 niños con leucemia, mientras que, con el SP, sobrevivían 7 de cada 10. Segundo, vemos el desprecio de AMLO por la “tecnocracia neoliberal”: el Presidente confunde los datos de los expertos con la ineficiencia, y muestra una profunda desconfianza hacia la utilidad de las fases piloto, la planificación, las consideraciones de riesgo y, en general, por las decisiones informadas. 

El proyecto del Insabi nace de un sueño guajiro, en un momento en que el presupuesto de Salud ha disminuido, en comparación con 2012, mientras la demanda por los servicios de médicos sólo ha subido. De hecho, México gasta apenas el 2.5% del PIB en salud, cuando la OECD recomienda gastar el 6%. 

Las principales diferencias entre el Insabi y el Seguro Popular yacen en la centralización y en las diferentes garantías de atención. El Seguro Popular, que podría considerarse un seguro público plural, aprovechaba infraestructuras estatales, mientras que el Insabi busca que toda la administración sea federal, por lo que podría considerarse un seguro público monopólico, al estilo de Cuba y Corea del Norte, según el exsecretario de salud Julio Frenk.

A su vez, no hay fecha establecida para la transición hacia la centralización, lo cual solo aumenta la confusión y el caos administrativo. El Insabi, además, solo cubre la atención de primer y segundo nivel, es decir, no está cubierta la alta especialidad (cáncer, trasplantes y otras condiciones que requieren mayor especialidad).

Bajo el Seguro Popular, había una lista de enfermedades forzosamente cubiertas, lo cual hacía que el tratamiento para estas fuera exigible. Ahora, las instituciones de alta especialidad ni siquiera saben si el Insabi les pagará, como antes lo hacía el Seguro Popular. Para terminar, vale la pena señalar que hay desabasto de medicina en el país: López Obrador no dejó que las cuatro empresas principales participaran en las licitaciones por supuestos actos de corrupción. La consecuencia: más del 30% de la licitación quedó desierta. Quizá a largo plazo, el Insabi dé frutos y los mexicanos, en general, puedan gozar de mejor salud. 

Por ahora, tenemos que lidiar con el oneroso proceso de centralización, la incertidumbre sobre qué enfermedades de atención especializada quedan cubiertas, así como el desabasto de medicamento. Hoy por hoy, estamos hablando de una reducción nefasta en los derechos de los mexicanos, pero se agradecen las buenas intenciones.

Puede gustarte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Noticias Populares