Educación: ¿valores en transformación? (Parte 2)

Por Hans Joachim-Hepke

Hoy en día, hay valores que deben entenderse como una unidad, ya no deberían entenderse como elementos aislados el uno del otro. Con esto, me refiero a la consideración, que literalmente se ha convertido en una palabra extranjera en tiempos de individualización, ya que todos están obsesionados con su realización personal y el éxito incondicional en una competencia feroz; dicho valor debería estar conectado con la atención mutua que carece de la dignidad humana y es más que nunca un valor fundamental.

La llamada fuerza del codo finalmente conduce al aislamiento y la soledad. En un momento en que llamamos a la inclusión en la educación, los niños no pueden ser enseñados a anticiparse siempre al otro, al más ‘débil’, porque todos somos una parte valiosa para nuestra sociedad. Sin embargo, la igualdad no solo significa la integración de los llamados más débiles, la igualdad de género, por ejemplo, es un principio esencial en la educación actual.

Recuerdo una experiencia sorprendente, en un tercer grado de una gran escuela internacional donde enseñé en Izmir, comencé la clase con una gran pila de hojas de trabajo en mi brazo; hacía calor, aunque todas las ventanas estaban abiertas. Poco después de entrar a la clase, un niño cierra la puerta detrás de mí; una fuerte brisa arrancó de mi brazo la mayoría de mis hojas. Estaban dispersas por todo el piso. Esperé a que los niños vinieran corriendo a ayudarme, pero solo llegaron un par de chicas cuando pedí ayuda. 

Los niños estaban sentados en sus sillas, mirando con diversión. Más tarde, en la sala de maestros, un profesor turco me explicó: “¿Hepke, qué esperabas? Es una cosa de chicas, así es como los niños son educados en sus familias: si algo cae al suelo en casa, mamá y hermanas se apresuran a recogerlo.” Resulta, entonces, que ¡así se criaron los machos!, pero el tiempo de los machos es cosas del pasado!

Hoy, tenemos el deber de criar a nuestros hijos con una perspectiva de igualdad y darles un buen ejemplo.

Por su parte, el sentido del deber, que no es lo mismo que la disciplina, en tanto que esta última a menudo se malinterpreta como ‘obediencia ciega’ y, como ya he descrito, eso no tiene cabida en nuestra educación actual. El sentido del deber significa abordar sus compromisos con desde la disciplina personal, en lugar de criticar a los demás, tenemos que estar atentos a nuestros propios errores. Eso también significa encontrarse con nuestros socios en la familia y en la vida cotidiana con caridad y comprensión.

El amor, la caridad y la comprensión son los códigos secretos para una convivencia funcional.

Hasta la próxima con: “¡Medio año: miedo de notas de escuela!”

Werteerziehung im Wandel?!

Es gibt Werte, die müssen heute in einer Einheit betrachtet werden, die nicht mehr isoliert voneinander betrachtet werden sollten: RÜCKSICHTNAHME ist, in Zeiten der Individualisierung, da jeder auf seine Selbstverwirklichung und den bedingungslosen Erfolg im erbitterten Wettstreit miteinander fixiert ist, buchstäblich zum Fremdwort geworden, muss im Zusammenhang mit der gegenseitigen ACHTUNG, die aus der MENSCHENWÜRDE wächst, betrachtet werden und ist mehr denn je ein fundamentaler Wert. Die sogenannte Ellenbogenstärke führt letztendlich zur Isolation und Vereinsamung. In einer Zeit, da wir in der Erziehung nach Inklusion rufen, können Kinder nicht früh genug für die Schwächeren unter uns sensibilisiert werden, die ein gleichberechtigter Teil unserer Gesellschaft sind. Doch unter GLEICHBERECHTIGUNG ist nicht nur die Integration der sogenannten Schwächeren zu verstehen, Gleichberechtigung der Geschlechter versteht sich in der Erziehung heute als unabdingbares Prinzip. Dabei fällt mir ein besonders markantes Erlebnis ein, das ich in diesem Zusammenhang immer wieder gern erzähle. Eine 3.Klasse einer großen internationalen Schule, an der ich in Izmir zwei Jahre unterrichtete: Ich komme zum Unterrichtsbeginn mit einem großen Stapel Arbeitsblätter auf dem Arm in die Klasse. Es ist heiß, alle Fenster sind geöffnet. Kurz nachdem ich die Klasse betreten habe, schließt ein Kind hinter mir die Tür. Ein starker Luftzug bläst mir die meisten Blätter von Arm. Sie liegen ringsherum verstreut auf dem Boden. Wie gewohnt erwarte ich, dass die Kinder heraneilen, um mir zu helfen. Doch erst, nachdem ich die Kinder um Hilfe bitte, eilen einige Mädchen herbei. Die Jungs bleiben auf ihren Stühlen sitzen und schauen belustigt zu. Später im Lehrerzimmer erklärt mir ein türkischer Lehrer: „Hepke, was erwartest Du? Das ist Mädchensache, so werden die Jungs in ihrer Familie erzogen. Wenn ihnen zu Hause etwas auf den Boden fällt, eilen Mama und Schwestern herbei, um es aufzuheben.“ Genauso werden Machos erzogen! Doch die Zeit der Machos ist längst Vergangenheit! Wir haben die Pflicht, unsere Kinder zur Gleichberechtigung zu erziehen und sie ihnen vorzuleben! Bei dem nächsten Wert bevorzuge ich bewusst von PFLICHTBEWUSSTSEIN und nicht von Disziplin zu sprechen. Denn Disziplin wird allzu oft als blinder Gehorsam missverstanden und der hat in unserer Erziehung, wie ich schon beschrieben habe, nichts mehr zu suchen. Pflichtbewusstsein bedeutet seine Verpflichtungen mit SELBSTDISZIPLIN anzugehen. Statt andere zu kritisieren, müssen wir auf unsere eigenen Fehlverhalten achten. Das heißt auch, unseren Partnern in der Familie und im täglichen Leben mit NÄCHSTENLIEBE und Verständnis zu begegnen. Liebe, Nächstenliebe und Verständnis sind die Geheimcodes für ein funktionierendes Zusammenleben.

Bis zum nächsten Mal und „Halbjahr – Notenangst!“

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